La increíble historia de un soldado beduino que fue reclutado como cocinero, ascendió en el escalafón y comandó una de las unidades de reconocimiento más importantes de las FDI. Fue el padre de la «doctrina de la evitación», recibió la Condecoración al Mérito y tres menciones honoríficas.
Abd al-Majid Khader al-Mazarib - Amos Yarkoni
De Na'ura a las FDI
Abd al-Majid Khader al-Mazarib, miembro de la tribu Al-Mazarib, nació en junio de 1920 en la aldea de Na'ura, cerca de Afula, cuando el país estaba bajo el Mandato Británico. A los 19 años, durante la revuelta árabe de 1939, se unió a las bandas árabes que saboteaban el oleoducto Irak-Haifa, pero estas lo acusaron de ayudar a los judíos y de traición. Sobre esa época contó: «Me encadenaron junto con dos amigos en un pozo. Debía comparecer ante un juez anciano, que por lo general condenaba a muerte a los acusados. Me subí a los hombros de mis amigos, salí del pozo y los ayudé a salir. Fuimos al campamento de nuestra tribu, al pie del monte Moreh. Por el camino nos moríamos de sed. Avanzamos por un uadi. Dije: “En este uadi hay agua”. Caminamos por el uadi y encontramos agua, porque percibí su olor en el aire frío».
Después de su fuga, los miembros de su tribu temieron la venganza de las bandas y se trasladaron con sus rebaños cerca del moshav de Shmaron, recién fundado junto a Nahalal. Allí Abd al-Majid conoció a Moshe Dayan, un joven comandante de la Haganá que les asignó un terreno vecino, les proporcionó agua y comida y también los protegió. Esta ayuda causó una profunda impresión en Abd al-Majid Khader, que se sintió en deuda con la comunidad judía. Dos semanas después, la tribu se reconcilió con las bandas y regresó a su campamento original, cerca de Afula.
En noviembre de 1947, cuando comenzó la Guerra de Independencia, Abd al-Majid Khader, de 27 años, trabajaba en la refinería de Haifa. Al día siguiente de la aprobación del plan de partición, combatientes del Irgún arrojaron un artefacto explosivo contra un grupo de árabes en la entrada de la refinería. La explosión mató a seis árabes y, en represalia, una multitud árabe enfurecida irrumpió en el recinto de la refinería y mató a golpes, con palos y barras de hierro, a 39 trabajadores judíos. Al enterarse, Abd al-Majid corrió al pabellón de los electricistas, les advirtió y salvó a seis de ellos de un linchamiento seguro. Fue un momento decisivo, como contó ese mismo día: «Después de ver cómo los árabes masacraban a los judíos, se encendió una luz roja en mi cabeza. Decidí ayudar a los judíos». Ese mismo mes se alistó en la recién creada Unidad de Minorías de las FDI, la Unidad 300. En aquella época era el único beduino de las FDI.
Al comienzo de su servicio militar cambió su nombre por el de Amos Yarkoni. Amos, porque empieza con la letra hebrea ayin, igual que su nombre anterior, y Yarkoni, derivado de la traducción de su apellido Khader. Desde entonces fue conocido como Amos Yarkoni.
El período en que más destacó la contribución de Amos fue entre la Operación Kadesh, en 1956, y la Guerra de los Seis Días, en 1967. Durante esos años, la inteligencia egipcia se esforzó por obtener información sobre las bases de las FDI situadas cerca de la frontera. Para conseguirla, la Inteligencia Militar egipcia entrenó unidades de comandos bajo el mando del coronel Mustafa Hafez. La misión de estos comandos, considerados la élite del ejército egipcio, era infiltrarse en pequeños grupos durante la noche, patrullar entre las bases de la zona de Ashkelon, reunir información y esconderse por la mañana hasta el anochecer, cuando regresaban a territorio egipcio aprovechando la oscuridad. En aquella época, viajar de noche al sur de la carretera Ashkelon-Kiryat Gat era aterrador y peligroso.
Amos Yarkoni quedó a cargo de los rastreadores de la Unidad 300. Sus habilidades para seguir rastros y su conocimiento del desierto le permitieron localizar a excursionistas extraviados y expulsar a beduinos que entraban al Néguev desde el Sinaí. Más adelante comandó la unidad de camelleros que protegía el Néguev. En 1953 fue admitido en el curso de oficiales y contó: «El curso solo me resultó difícil por el idioma hebreo y por las materias teóricas, que no conocía. Pero cuando me llevaban al campo, era un lobo». Al terminar el curso de oficiales, regresó a la Unidad de Minorías y recibió el mando de una sección.
En 1955, su sección acampó frente a Jan Yunis y recibió la misión de localizar a un grupo de agentes de inteligencia egipcios en los pantanos de Hamama, cerca de Ashkelon. La misión fue un éxito y llevó a la creación de la Unidad 424, la unidad de reconocimiento Shaked. Su primer comandante fue Tzvika Ofer y Amos Yarkoni fue su segundo al mando. En abril de 1961, Yarkoni fue nombrado comandante de la unidad. Era un comandante admirado por su profesionalismo, lo que le permitía prescindir de la distancia jerárquica que imponía su rango.
Shaked, la herida y las persecuciones
Durante una persecución en diciembre de 1959 perdió una mano. Por la mañana se encontraron huellas que conducían a los pantanos de Hamama, en Nitzanim. Un pequeño equipo bajo el mando de Amos inició la persecución: «Avancé paso a paso hacia ellos. Dejé puestos de observación por si intentaban salir y escapar. Se habían escondido en el pantano de Hamama y allí, en el agua, no había huellas. Avancé entre los juncos. Yo caminaba y los muchachos me seguían. De pronto me caí. La mano derecha me quedó colgando. No sentí dolor. Disparé entre los juncos todo el cargador. Le dije a Saleh que corriera, mientras yo me quedaba tendido y me decía: “¡Este es el final!”», contó Amos más tarde. Junto con Yarkoni, también resultó herido en el pecho su estrecho colaborador Nissim Alfandari. No estaba claro si Amos volvería a Shaked después de la herida. «Si Moshe Dayan puede arreglárselas con un ojo, Yarkoni podrá hacerlo con una mano», afirmó Amos, y regresó. Un mes después ya comandaba una persecución en la zona de Hazerim y, con una mano protésica, abatió a tres infiltrados.
Las habilidades de Amos para seguir rastros se convirtieron en leyenda mientras aún vivía. El general Rehavam Ze'evi contó: «En una de las persecuciones en la frontera egipcia, Amos me dijo que sabía que los infiltrados se habían dado cuenta de que los seguíamos. Eso me pareció demasiado; no creía que se pudiera saber por las huellas que ellos supieran algo de nosotros. Amos me explicó: “Fíjate en que, más o menos cada diez pasos, las huellas se desvían un poco. Es porque, de vez en cuando, los infiltrados miran hacia atrás para ver si estamos allí”».
Amos también era una leyenda entre los rastreadores beduinos: «Si alguien cruza el desierto, levanta una piedrita, escupe debajo y la vuelve a dejar en su sitio, al-Majid percibirá el cambio incluso cien años después. Entonces se agachará, descubrirá el escupitajo y empezará a seguir el rastro de quien escupió. Llegará a la tumba de ese hombre, que entretanto habrá muerto, llamará a la lápida y preguntará: “¿Por qué escupiste sobre la piedra, desgraciado?”».
Durante la festividad de Shavuot de 1964 se encontraron huellas cerca del kibutz Erez. Al examinarlas, Amos Yarkoni dedujo que pertenecían a un grupo de inteligencia egipcio compuesto por un explorador, un correo y un guardia. Según él, al cruzar la frontera, el explorador había cargado al correo a la espalda para confundir a Amos y a sus soldados. El explorador y el guardia regresaron a la Franja de Gaza, mientras que el correo siguió adentrándose en el Néguev para reunirse con árabes israelíes y pagarles por la información de inteligencia que habían recogido para los egipcios. De inmediato se activó el procedimiento «Diamante Rojo», que consistía en buscar sospechosos en todas las estaciones de autobuses de Egged, suponiendo que el correo intentaría tomar un autobús o hacer dedo. Y, en efecto, lo atraparon en la estación de autobuses del kibutz Bror Hayil. Le encontraron dinero y fotografías de los árabes con quienes debía reunirse. Durante el interrogatorio contó que, dos semanas después, un grupo debía recogerlo cerca del kibutz Erez. Amos y varios combatientes prepararon una emboscada y, el día previsto, a las 21:00, vieron dos figuras en la carretera y comenzó un tiroteo. Amos describió lo ocurrido: «En cuanto empezó el tiroteo, salté y les dije a los hombres que avanzaran corriendo. Temía que el egipcio escapara y, efectivamente, retrocedieron. Uno de ellos resultó herido y cayó. Les grité a los hombres que atacaran y entonces me hirieron en la pierna. El egipcio herido disparó. Les dije a los muchachos: “Déjenlo, corran tras el otro”». Finalmente, el grupo fue abatido.
Amos estuvo tres meses en el hospital, pero su pierna no volvió a recuperarse. Con una mano protésica y arrastrando una pierna, se dirigió al entonces jefe del Comando Sur, Tzvi Zamir, y le dijo: «Ya no tengo fuerzas suficientes. No soy viejo, pero los soldados son lobos. Dales un comandante joven al que puedan seguir corriendo».
Zamir no aceptó su petición de retirarse y Amos siguió al mando de la unidad durante tres años más después de resultar herido, cosechando numerosos éxitos. Tras la Guerra de los Seis Días, Amos Yarkoni, que era árabe musulmán, fue reemplazado por un oficial judío llamado Fuad (Binyamin Ben-Eliezer), y Amos fue nombrado gobernador de la península del Sinaí. Allí trabajó principalmente con las tribus beduinas, cuya lengua, religión y forma de hablar conocía desde niño.
El reconocimiento, la decepción y la despedida
En 1953, con la creación de la Unidad 101 por parte de Arik Sharon, se implantó la idea de lograr una victoria decisiva: tomar la iniciativa ofensiva, entrar en territorio enemigo y resolver la batalla con una victoria clara y contundente.
En la unidad de reconocimiento Shaked, Amos Yarkoni concibió la idea de la evitación. La actividad de la unidad se basaba en frenar el proceso de escalada hacia la guerra desde el comienzo y desactivar su potencial violento, para así evitar guerras. Amos tomó la idea de la cultura beduina, donde existía desde hacía muchas generaciones. Mientras Amos y un pequeño grupo de soldados mantenían la calma en la frontera sur, las FDI desarrollaron sus capacidades de combate aéreo, que permitieron una rápida victoria en los primeros días de la Guerra de los Seis Días. La comunidad internacional también utiliza hoy esta metodología.
Así escribió el entonces jefe del Comando Sur, Yeshayahu Gavish: «Amos, amigo mío, sé hasta qué punto los métodos que empleabas, tus técnicas de combate y el nivel de desempeño de tu unidad eran un ejemplo para todas las FDI. Tú, personalmente, entregaste lo mejor de tu salud por el Estado de Israel. Solo unos pocos conocen tus hazañas, pero las FDI y el Estado de Israel no olvidarán lo que hiciste. Muchos siguen vivos gracias a ti».
A pesar de su contribución a las FDI, Amos Yarkoni no estaba satisfecho con el trato que recibía del Estado al que tanto amaba. Cuando su hijo Yossi solicitó servir en una unidad de élite y rechazaron su petición, Amos sostuvo que la negativa se debía a que era beduino. También lo afirmó cuando su hija solicitó trabajar para una entidad de servicios de salud en Jerusalén, pero la destinaron a una clínica en el este de la ciudad.
Yarkoni murió el 7 de febrero de 1991, tras luchar contra una grave enfermedad. Seis oficiales con rango de general de brigada llevaron su féretro, cubierto con la bandera de Israel. Fue sepultado en la sección no judía del cementerio militar de Kiryat Shaul. Rehavam Ze'evi pronunció estas palabras en su honor: «Fuiste el padre de los rastreadores y del rastreo en las FDI. Tantos te deben su seguridad y sus vidas sin saberlo. Fuiste un árabe orgulloso y un israelí leal, condecorado con menciones honoríficas por operaciones secretas, que creía que la convivencia entre judíos y árabes era posible. Para todos nosotros fuiste el más grande de los generales».

La base de Mishmar HaNegev, utilizada por el batallón de transporte «Caballeros del Sur», y el batallón de reconocimiento de la Brigada Givati llevan su nombre. El municipio de Beersheba nombró una calle en su honor en el barrio Vav de la ciudad.





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