Una conmovedora historia de amor que abre una ventana a la vida de los jóvenes combatientes durante los últimos años del Mandato británico en el país. Una pareja de enamorados que soñaba con casarse y formar un hogar en el recién nacido Estado de Israel.
El accidente aéreo en Jerusalén
La mañana del 3 de agosto de 1948, las hermanas Ruth y Rauma estaban sentadas en la sala de la casa de sus padres, en Rehavia, conversando despreocupadamente para pasar el tiempo. Las hermanas habían llegado a Jerusalén hacía poco, ya que el esposo de Ruth, Moshe Dayan, había sido nombrado comandante de Jerusalén (Rauma se había casado con Ezer Weizman, expresidente del Estado). Ruth recogió las tazas y años más tarde contó: «Estaba junto al fregadero, frente a la ventana de la cocina, lavando los platos. Ante mí estaba la improvisada pista de aterrizaje de Jerusalén, que empezaba en el extremo del valle de la Cruz y terminaba en el muro de piedra del monasterio. De pronto empecé a oír una especie de traqueteo, poc-poc-poc, como el de un motor que intenta arrancar y no lo consigue. Levanté la vista del fregadero y vi despegar lentamente un Primus. Entonces, cuando aún no había ganado suficiente altura, apenas unos metros, el motor se paró de repente y el avión cayó como una piedra al suelo, con el morro clavado en la tierra. Llamé de inmediato a Rauma y juntas hervimos agua para desinfectar, tomamos de la casa unas sábanas para usarlas como vendajes y bajamos al automóvil del comandante».
Ruth tomó el automóvil particular de Moshe Dayan: «Subimos al auto y empezamos a avanzar entre las rocas y las piedras hacia el lugar donde yacía el avión destrozado. Por el camino, unos soldados nos detuvieron, pero les dije que era el auto del comandante y me dejaron pasar. Llegamos al avión y lo que vi no lo olvidaré jamás. Fue terrible. Los dos cuerpos estaban completamente intactos y yacían junto al avión destrozado. Zohara era tan hermosa... y estaba allí, completamente intacta, pero inmóvil».
Era «la Zohara de Shmulik»; así la conocían incluso mucho tiempo después de que Shmulik ya no estuviera con vida, y así se presentó en un compromiso que ambos redactaron hacia el final de su servicio en el Palmaj: «Con plena lucidez y libertad de decisión, y con mucho amor, declaro por la presente mi total consentimiento y, más aún, mi compromiso sin condiciones de casarme con Shmulik en cuanto se dé la situación de que ambos hayamos sido liberados del servicio activo en la brigada. En fe de lo cual firmamos: Zohara Levitov».
Antecedentes familiares y encuentro en el Palmaj
Zohara Levitov nació el 20 de octubre de 1927 en Tel Aviv. Sus padres, Zeita y Yehuda, decidieron emigrar a la Tierra de Israel después de conocer a Yosef Trumpeldor y llegaron en el legendario barco Ruslán, que dio inicio a la tercera ola de inmigración. Fueron fundadores del kibutz Kiryat Anavim, en los montes de Jerusalén, y su padre fue uno de los dirigentes de Jever Hakvutzot, el movimiento de kibutzim vinculado a Mapai, y uno de los dirigentes de la economía obrera de la Histadrut. Al nacer, sus padres la llamaron Zohara porque «trajo luz a nuestras vidas». Después de perder a su hija pequeña Hadasa y a un hijo que solo tenía un día de vida, que no sobrevivieron a las duras condiciones de vida en el kibutz, sus padres decidieron mudarse a Tel Aviv. Apenas nació Zohara, la familia regresó al kibutz y más tarde se trasladó a Jerusalén y luego volvió a Tel Aviv, donde Zohara estudió en el instituto Tijón Jadash. Al terminar sus estudios en 1946, se alistó en el Palmaj. Primero estuvo en el kibutz Tel Yosef, donde compartió una tienda de campaña con Leah Schlossberg (más tarde Leah Rabin), y posteriormente se trasladó a otra compañía en el kibutz Ein Harod, donde fue comandante de la escuadra de mujeres.
Zohara llamaba la atención adondequiera que iba. Era ingeniosa, de carácter firme, hermosa y tenía dotes de liderazgo y una excelente condición física. Fue el joven jefe de escuadra Shmuel Kaufman quien reunió el valor para empezar a escribirle cartas, en las que le pedía que lo llamara Shmulik. Zohara le respondía sin demasiada efusividad, pero se empeñaba en llamarlo Shmuel.
Shmuel Asher Kaufman nació el 2 de julio de 1927, hijo de Froma y Yehuda Kaufman. Su padre, Yehuda, había llegado a la Tierra de Israel en 1926 desde Ucrania, invitado por su gran amigo Haim Nahman Bialik, quien le pidió que preparara un diccionario. Yehuda, un hombre culto, había estudiado Derecho, Lingüística, Historia y Filosofía, y fue el primer editor jefe de la Enciclopedia Hebrea. Cuando nació Shmuel, su padre Yehuda adoptó el nombre de «Even Shmuel». Con motivo del nacimiento de Shmulik, Bialik le escribió un poema: «Te doy este regalo / al niño Shmuel Asher / para que sea un judío / íntegro y virtuoso».
A los 15 años murió su madre, Froma, y en 1944, cuando tenía 17 años, se alistó en el Palmaj. Llegó a Ein Harod como comandante y allí conoció a Zohara. Shmuel era un joven excepcional, bendecido con un talento poco común para la escritura. Pasaba mucho tiempo con Haim Nahman Bialik, Yitzhak Ben-Zvi, Berl Katznelson y el escritor Haim Hazaz, amigos de su padre, quien dirigía el Departamento de Cultura del Consejo Nacional. Así le escribió a Zohara: «Tu aparición en el horizonte de mi vida derritió la terrible máscara, la derritió para siempre... Y eso me hace tanto bien... Pero ¿por qué ahora te has alejado de mí? ¿Por qué no estás aquí? ¿Quién tiene derecho a enviarte lejos y arrebatarte de mi lado? ¿También tú sientes el dolor del “hilo del corazón” que nos une? Te has alejado de aquí y el hilo se tensa y causa un dolor insoportable».
El amor, la despedida y el duelo
La «Noche de los Puentes», el 16 de julio de 1946, encendió el amor. Zohara participó en la operación para volar el puente de Ziv y durante la acción resultó herida en un ojo. En esa misma operación, Zohara perdió a Amichai Klivner, de Rehovot, su primer amor desde la época de la secundaria. Después de resultar herida, llegó a la casa de sus padres y le escribió a Shmuel: «Bueno, llegué a casa y la noticia de lo ocurrido se me había adelantado. Resultó que en casa habían contado lo sucedido, pero yo lo negué rotundamente». Shmuel fue a visitarla y la amistad se convirtió en un amor apasionado. Desde ese momento, Zohara se dirigía a Shmuel con las palabras «mi Shmulik».
Zohara se recuperó y Shmulik estaba a punto de ser liberado, pero los acontecimientos del «Sábado Negro» lo llevaron a decidir prolongar su servicio en el Palmaj. Cuando regresaron como pareja a Ein Harod, se fueron a vivir a la misma tienda de campaña. Su amor resplandecía y conmovía a todos los que los veían. Así los describió un miembro del kibutz Ein Harod: «Eran dos personas extraordinarias que irradiaban a su alrededor tanta luz y calidez».
En los días en que tenían que separarse para cumplir cada uno con su misión, intercambiaban cartas. Él le escribió: «Ninguna distancia cambiará el hecho de que somos el Shmulik de Zohara y la Zohara de Shmulik» (5 de diciembre de 1946). Ella escribió: «No puedo dormirme sin desearte buenas noches» (18 de diciembre de 1946). Él le escribió: «Es una noche, una sola, en que tú, mi amor más preciado, no estás aquí conmigo» (20 de diciembre de 1966). Ella respondió: «Hasta la pluma te extraña. Lo noto en la forma en que escribe» (2 de enero de 1947).
Cuando Shmulik decidió ser liberado, sus comandantes lo presionaron para que se quedara. Después de una reunión personal con Yigal Allon, comandante del Palmaj, Allon comprendió que Shmulik era obstinado y lo dejó ir. Zohara le pidió que se quedara hasta el sábado por la noche, cuando se celebraría la fiesta de despedida de sus amigos. El viernes 2 de mayo de 1947, le pidieron a Shmulik que ayudara a sus compañeros a practicar con una granada real en el campo de tiro del kibutz Geva, cerca de Ein Harod. La granada explotó y Shmulik murió junto con dos de sus alumnos. Shmulik fue enterrado en el Monte de los Olivos, en Jerusalén. Miles de personas participaron en el cortejo fúnebre. Antes del funeral, Yitzhak Ben-Zvi le rindió homenaje: «Muchos de nosotros conocimos y apreciamos a Shmuel Kaufman, quien ni siquiera llegó a cumplir veinte años y que, en su breve vida, fue un ejemplo por sus estudios, sus talentos y su entrega a su pueblo y a su patria. Shmuel cayó al pie del Gilboa, en una tierra consagrada con sudor y sangre».
Zohara se derrumbó. «Shmulik, mi niño», le escribió en las numerosas cartas que siguió escribiéndole: «¿Eres tú quien está allí, bajo las pesadas piedras, queriendo salir, pero nadie te abre? Vuelve conmigo, mi niño. Desapareciste del horizonte de mi vida como el sol que se ha puesto y no volverá a salir».
Un mes después de su muerte, le escribió: «¡Mi Shmulik! Hoy es tu cumpleaños, cumples 20. ¿Recuerdas lo que acordamos para tu cumpleaños? Decidimos darte un regalo: una boda. Y aquí está el día, y yo estoy aquí, y tú... tú no viniste. Mi Shmulik, es tan terrible pensar que no estás ni aquí ni lejos, muy lejos. No hay ningún lugar donde pueda encontrarte en todo este mundo, inmenso o pequeño. No vienes. Solo me quedan tus cartas, tus cosas, tu imagen y tu amor. Eso es lo que me queda, pero ¿qué haré con todo ello sin ti?».
Nueva York, el vuelo y la memoria
Bruria, la hermana de Shmulik, trabajaba como asistente del profesor Albert Einstein y consiguió para Zohara la confirmación de que había sido admitida en una universidad de Estados Unidos. Zohara decidió continuar con el plan que habían hecho juntos y se inscribió para estudiar Medicina en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Cuando llegó a Nueva York, recibió otra noticia devastadora: todos los soldados del destacamento de los 35, algunos de los cuales conocía personalmente, habían muerto mientras se dirigían a ayudar al asediado Gush Etzion. «Pronto no quedará en el país ni un solo joven entre mis amigos... Solo yo me he salvado», escribió a su familia, y a Shmulik le escribió: «Shmulik, el país está en llamas. Decenas de personas mueren cada día. Todos se van uno tras otro: Seli, Rafi, Dani Mas, y muchos más. ¿Te los has encontrado? No creas que he empezado a creer en supersticiones extrañas, pero, al fin y al cabo, a veces me viene a la mente la imagen de todos los muchachos que nos dejaron reunidos en algún lugar, reviviendo los viejos tiempos junto a una fogata y un finyán, una cafetera de campaña. Extraño, ¿verdad? Pero no me juzgues, Shmulik. Muchas ideas extrañas me asaltan durante este largo período desde que te fuiste».
En Nueva York, Zohara conoció a Teddy Kollek (más tarde alcalde de Jerusalén), quien la convenció de inscribirse en un curso de vuelo impartido por Eleanor Rodnick, hija de Oscar Rodnick, uno de los judíos más ricos de Estados Unidos en la década de 1940. Eleanor era propietaria de un aeropuerto privado en Bakersfield, California, y aspiraba a sumarse a las actividades de Al Schwimmer (ingeniero aeronáutico y piloto judío-estadounidense-israelí, fundador de Israel Aerospace Industries y ganador del Premio Israel 2006 por su trayectoria y contribución a la sociedad), quien adquiría aviones, repuestos y armas para la comunidad judía de la Tierra de Israel. Eleanor se puso en contacto con Teddy Kollek, que por entonces se ocupaba de las adquisiciones, y juntos empezaron a comprar aviones. Eleanor propuso capacitar como pilotos a comandantes del Palmaj que se encontraban en Estados Unidos, y para la operación se reclutó a trece candidatos.
El curso, de cuatro meses, comenzó el 1 de marzo de 1948. Entre los alumnos había dos mujeres: Sarah Guberman y Zohara Levitov. Cuando al comienzo del curso de vuelo le preguntaron a Zohara por qué había elegido una profesión tan peligrosa como la aviación, respondió: «De todos modos, sabía que moriría joven». Durante el curso de vuelo surgió una relación amorosa entre Zohara y Amnon Berman (de una familia de panaderos de Jerusalén). Al terminar el curso, los alumnos llegaron al país y fueron destinados al Escuadrón A, en Sde Dov. Participaron en los combates de la Guerra de Independencia y Zohara completó la misión que sus compañeros del destacamento de los 35 habían iniciado, llevando suministros a los habitantes de Gush Etzion y del Néguev, ambos bajo asedio. Zohara sufrió por tercera vez la pérdida de un ser amado cuando el avión de Amnon fue derribado sobre Lod el 7 de julio de 1948.
La Zohara de Shmulik empezó a participar, junto con su padre y el padre de Shmulik, en la edición de un libro en memoria de su Shmulik. Murió en un vuelo cuando se dirigía a reunirse con el padre de Shmulik.
Amos, el único hermano de Zohara, puso a su hija el nombre de su hermana. La niña enfermó de cáncer y murió en Sucot de 1968, a los seis años, unos meses después de la liberación del Monte de los Olivos. A pedido del padre de Shmuel Kaufman, la pequeña Zohara fue enterrada junto a Shmulik, y así, al menos simbólicamente, se cumplió el juramento de fidelidad.
Sobre esta historia de amor se han escrito varios libros, entre ellos Amar hasta la muerte, de Devorah Omer, y Como el resplandor del firmamento, de Ofer Regev. También se produjo la obra Shmulik de Zohara, que se estrenó en octubre de 1981.
En 1957, el municipio de Jerusalén decidió ponerle su nombre a una calle del barrio de Rehavia: Sendero Zohara. La calle cercana, Calle de los Pilotos, recibió su nombre en memoria de todos los pilotos que volaron a la Jerusalén sitiada.





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