La increíble historia de una muchacha de pelo corto que cruzó continentes sola, llegó a la Tierra de Israel con los «niños de Teherán» y quería luchar por la independencia del país. Una soldado cuya voz fue la última que se oyó en la batalla de Latrún.
La lucha por la carretera a Jerusalén
El 30 de noviembre de 1947, un día después de que la ONU aprobara la partición del país, comenzó la Guerra de Independencia. Hasta abril de 1948, los combates se caracterizaron por enfrentamientos en ciudades mixtas como Safed y Jerusalén, y por la lucha por las rutas que conducían a los asentamientos sitiados. Los convoyes blindados llevaban alimentos, medicamentos y municiones a esos asentamientos. Durante el mes de marzo murieron 83 combatientes y decenas resultaron heridos. Era evidente que no se podía seguir así.
En ese momento se decidió tomar el control de territorios a lo largo de las rutas, y la primera elegida fue la que conducía a Jerusalén. La campaña por la ruta a Jerusalén se dividió en el frente oriental, que incluyó principalmente los combates por Castel, y el frente occidental, que comprendió Latrún y dominaba la carretera que pasaba junto a la localidad.
La postura de David Ben-Gurión respecto a la ruta a Jerusalén era clara: «Sin Latrún, no hay carretera (a Jerusalén); sin carretera, no hay Jerusalén; sin Jerusalén, no hay Estado». Entre el 24 de mayo y el 18 de julio de 1948 se libraron cinco duras batallas por Latrún, en las que murieron 168 soldados.
La huida de Polonia hacia el este
Helena Lampel nació en Polonia en febrero de 1929, en una familia judía acomodada pero alejada de la tradición. El largo periplo de Helena comenzó en agosto de 1939, cuando, a los diez años, su familia huyó por temor a la invasión alemana. Primero se trasladaron al distrito oriental, en la zona de Tarnopol, Polonia. Unas semanas después se fueron a vivir con unos parientes en Leópolis, donde Helena podía leer en la nutrida biblioteca de la casa de su tío. Debido a las dificultades, la familia tuvo que trasladarse a la región de los montes Cárpatos, donde el padre empezó a trabajar en un aserradero. En junio de 1940, los miembros de la familia fueron enviados hacia el este, en vagones de ganado, hasta las vastas tierras de Siberia. Tras 18 días llegaron a la provincia de Tomsk, donde permanecieron solo seis semanas; luego los enviaron a los Urales. Los padres trabajaban en el bosque y las dos niñas hacían fila para recibir alimentos. Debilitados, los padres comprendieron que no podrían mantener a Helena y decidieron enviarla a un orfanato, donde le cortaron el pelo.
Así escribió Helena en su diario: «Si quieres escuchar, te lo contaré [...] Llegamos a la tórrida Uzbekistán. Al principio nos fue muy mal allí. Más tarde, papá consiguió trabajo en una oficina para refugiados polacos y, de algún modo, fuimos saliendo adelante en la pobreza. Cuatrocientos gramos de pan con cupones, y papá, quinientos. No sirvió de mucho, el hambre seguía haciendo de las suyas. Y después, el invierno terrible, los precios altos, y en la habitación, el frío y la escasez; papá enfermo, y luego enfermaron mamá y mi hermana, y tuve que ir a un orfanato, algo que ni mis padres ni yo queríamos. No había otra salida».
Helena Lampel y otros niños del orfanato llegaron a Teherán en agosto de 1942. Esperaron a recibir de los británicos los permisos para emigrar a la Tierra de Israel y, un año después, llegaron al país.
En enero de 1943, alrededor de un mes antes de emigrar a la Tierra de Israel, Helena, de 14 años, empezó a escribir el diario al que se dirigía en segunda persona, como si un ser humano la estuviera escuchando. Escribió: «Una mañana despejada la vimos atracada en el puerto. Se llamaba Dunera. Fue en ese barco donde se me ocurrió la buena idea de escribir un diario. Él podrá contarte el resto de mi historia. Sí, olvidé decirte que, de tanto extrañar a mis seres queridos, empecé a dibujar sus rostros. Cuando me desanimo, dibujo. Terminaré aquí. No sé si llegarás a quererme. Procuraré ser sincera contigo».
El primer lugar que vio Helena Lampel fue el centro de recepción de inmigrantes de Atlit. Desde Atlit se trasladó al kibutz Givat Brenner. La admitieron en séptimo grado y su mayor sueño era ser como uno de los sabras. Desde ese día dejó crecer su pelo y se lo trenzó en dos gruesas trenzas negras: «Hoy recibí una manta. Esta noche, después de cuatro años, podré cubrirme con una manta mía». Poco antes de Purim le cambiaron el nombre por Hadassah: «¿Qué te parece este cambio de nombre?... Solo Hadassah, pero la verdad es que no me gusta nada. Quiero seguir siendo Helenka».
Gabriela Alter, su compañera de promoción, llamaba a Hadassah «la chica del gato». En cada lugar al que llegaban durante sus andanzas, Hadassah adoptaba un gato del lugar. También cuidaba gatos en Givat Brenner. En el kibutz se hizo evidente, además, su sentido del humor: «Durante toda la excursión sostuve que las personas normales se desnudan antes de acostarse, y no al revés. Unos mosquitos terribles nos acompañaron mientras dormíamos, pero les costaba atravesar las muchas capas de ropa. Nosotros nos quedamos dormidos y dormimos a pierna suelta. En resumen, caminamos y caminamos, y cuando volví a Givat Brenner, la mitad de la Tierra de Israel se había pegado a las suelas de mis zapatos».
El complejo conocido como Latrún comprendía las ruinas de una fortaleza cruzada que dio nombre al lugar, el monasterio de los trapenses, construido en 1890, la comisaría británica, construida en 1938 a raíz de la revuelta árabe, y un gran campo de detención, construido en 1940. La importancia de Latrún se debía a su ubicación en un cruce de caminos clave: la ruta que llegaba desde el sur (Gaza), la que venía del oeste (Jaffa y Tel Aviv), la que bajaba desde el este (Jerusalén) y, desde el norte, la que ascendía por la cuesta de Beit Horon.

Hadassah extrañaba a su familia y se ocupaba de mantener el contacto por carta, con la esperanza de que ellos también llegaran: «Cuando lleguen a la Tierra de Israel, encontrarán aquí una patria verdaderamente libre. Creo que no los avergonzaré y que quizá algún día incluso se sentirán orgullosos de su Helenka. Ya puedo imaginar la lágrima que brillará en sus ojos, pero no lloren. ¡Cabeza en alto, todo mejorará!».
Al Palmaj y las batallas de Latrún
A los 15 años se convirtió en la novia de Nathan Mir, del cercano kibutz Kvutzat Shiller. Sus amigas la envidiaban por su novio mayor, un sabra que vivía en un kibutz. En undécimo grado, Hadassah Lampel y su amiga Hadassah Montag se unieron al movimiento juvenil HaMahannot HaOlim, en Rehovot, y en noviembre de 1946 se alistaron en el Palmaj: «Amo esta tierra. A veces me sorprende que se pueda ser tan idealista, pero me sale de forma natural. Todo lo de esta tierra me es querido, y sobre todo la tierra misma. A menudo, mientras trabajo, cuando nadie me ve, la beso [...] Puede que sea un poco ridículo entusiasmarse así, pero en un diario está permitido, ¿verdad? Además, tú no te ríes de mí».
En enero de 1948, Hadassah se incorporó a la unidad que escoltaba los convoyes a Jerusalén. Completó un curso de operadora de radio y trabajó como tal en los vehículos blindados que abrieron la ruta hacia Jerusalén. En mayo de 1948 fue incorporada a la recién creada Brigada 7.
El primer intento de tomar la comisaría tuvo lugar durante la Operación Ben Nun A, la noche del 24 de mayo de 1948. La fuerza estaba al mando de Shlomo Shamir e incluía a la Brigada 7 y miembros del Palmaj, soldados de las fuerzas de campaña, algunos de ellos del Gahal (reclutamiento en el extranjero), supervivientes del Holocausto que habían llegado de distintos lugares de Europa e inmigrantes del norte de África. La inferioridad numérica de la fuerza, que carecía de experiencia, condujo al fracaso de la operación. Los miembros del Gahal habían bajado del barco apenas unos días antes y algunos sostenían un fusil por primera vez en su vida. La mayoría no hablaba hebreo, así que hubo que traducir la orden «¡Fuego!» a cuatro idiomas. En la operación murieron 74 combatientes, muchos resultaron heridos y 6 fueron hechos prisioneros.
El segundo ataque (Operación Ben Nun B) tuvo lugar la noche del 30 de mayo de 1948. Participaron fuerzas de la Brigada 7, con el apoyo del Batallón 52 de la Brigada Givati. Durante esta operación se utilizaron por primera vez, a gran escala, vehículos blindados y semiorugas; fue la primera acción del Cuerpo Blindado israelí. Su comandante, Haim Laskov (quien más tarde sería el quinto jefe del Estado Mayor), no aceptaba que una mujer fuera al combate, pero Hadassah se asignó, sin que él lo supiera, como operadora de radio en el semioruga del comandante de la compañía de infantería mecanizada, Yaakov Wag (jefe del equipo de combate encargado de tomar la comisaría de Latrún).
La función de los vehículos blindados en la batalla era irrumpir en el edificio de la comisaría británica y permitir la entrada de los soldados de infantería. Los semiorugas lograron abrirse paso, pero el enemigo los alcanzó. La fuerza de infantería se retrasó y Hadassah, responsable de todas las comunicaciones, recibió la orden de retirarse. En medio del caos que se desató, la retirada fue imposible y Yaakov Wag murió. Hadassah saltó del semioruga y siguió transmitiendo. Según el testimonio de Amiram Yishfan, su última transmisión fue: «Estos deben de ser nuestros últimos momentos. Aquí ya casi no queda nadie. Dales saludos a los muchachos».
La operación terminó en fracaso: murieron 49 combatientes y decenas resultaron heridos. En el patio de la comisaría quedaron 31 muertos israelíes y cuatro semiorugas.
La última voz que se oyó desde el patio de la comisaría en llamas fue la de Hadassah Lampel. Una muchacha de 19 años. Sobreviviente del Holocausto. Sin hogar. Sin dirección. Una joven envuelta en tristeza y nostalgia, que solo quería volver a encontrarse algún día con su familia. Su valentía y sangre fría asombraron a los soldados de la Legión. Durante las conversaciones de armisticio con oficiales de las FDI, los oficiales jordanos mencionaron a Hadassah Lampel como ejemplo del valor de las mujeres soldado israelíes.
La comisaría de Latrún no fue conquistada durante la Guerra de Independencia. La estación quedó como un enclave bajo control jordano y los cuerpos de los soldados muertos permanecieron en territorio enemigo. El rabino militar, teniente coronel Shlomo Goren, localizó e identificó los cuerpos, que el 17 de noviembre de 1949 recibieron sepultura conforme al rito judío. El complejo de Latrún fue conquistado en la Guerra de los Seis Días.
Hadassah Lampel murió el 31 de mayo de 1948. El Estado de Israel tenía 16 días. Hadassah tenía 19 años. Dos meses después de su muerte llegaron a Israel su madre, Rozalia, y su hermana, Stella.
Hadassah dejó un diario personal, un fajo de cartas y numerosos dibujos. Partes de su diario se publicaron en un libro editado y traducido del polaco por Ben-Zion Tomer, quien también había sido uno de los niños de Teherán. Una calle del barrio de Har Hatzofim, en Jerusalén, lleva su nombre.





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