El 1 de julio de 1973, a la 1:00 de la madrugada, el automóvil llegó a la casa de la familia Alon en Washington. Debora bajó del automóvil y entró en la casa. Su esposo apagó el motor y, cuando abrió la puerta del automóvil, recibió tres disparos mortales a quemarropa. Fue el asesinato de
Infancia, exilio y regreso al país
Yosef Joe Pláček (más tarde Yosef Alon) nació en Ein Harod en 1929. Su madre alemana y su padre checo llegaron a Palestina en 1920 como miembros del grupo Heftziba, y allí tuvieron dos hijos: David y Yosef. En 1932, debido a los problemas de salud de la madre y a cierta decepción con el socialismo kibutziano, la familia regresó a Checoslovaquia, a la ciudad de Brno. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, cuando tenía 10 años, Joe y David, de 14, fueron enviados de Praga a Inglaterra en un Kindertransport organizado por el británico sir Nicholas Winton. Allí, Joe fue adoptado por Jenny y George Davidson, una pareja cristiana sin hijos. Al terminar la guerra, Joe regresó a Checoslovaquia en busca de sus padres, y allí supo la amarga verdad: sus padres habían sido encarcelados en Terezín y asesinados en Auschwitz en 1944.
Joe estudió orfebrería y, siguiendo a su amigo Hugo Meisel (más tarde Marom), se presentó a las pruebas de la Gadna Aérea en Checoslovaquia. En julio de 1948 comenzó un curso de piloto en Checoslovaquia y lo terminó en noviembre de ese mismo año.
En febrero de 1949, Joe emigró a Israel y se incorporó a la Fuerza Aérea israelí. Al principio trabajó como meteorólogo porque no había suficientes aviones, y el curso de piloto que había hecho en Checoslovaquia no fue reconocido como una certificación completa. A los 25 años conoció a Debora, que trabajaba como enfermera en Beerseba, y formó una familia con ella. Joe comenzó su carrera en un escuadrón de combate y, en 1951, tras completar un curso de instructores, fue nombrado instructor en la escuela de vuelo. Tres años después ya era uno de los primeros pilotos en volar aviones a reacción.
Piloto, instructor y comandante de Hatzerim
En 1966 fue nombrado primer comandante de la base de la Fuerza Aérea en Hatzerim, construida desde cero por manos israelíes. Durante sus cuatro años al mando, la base pasó de tener 60 personas a 3.000, y su personal combatió en la Guerra de los Seis Días y en la Guerra de Desgaste. Ese fue el punto culminante de la carrera militar del coronel Joe Alon.
En 1970, Yosef Joe Alon fue nombrado asistente del agregado aéreo y naval en la embajada de Israel en Washington, adonde se trasladó con su esposa y sus tres hijas. El día de su asesinato, a los 44 años, debía regresar a Israel al concluir su período de servicio en Washington. Debora llamó a la policía y avisó al entonces embajador de Israel en Washington, Simja Dinitz. El general Mordejai (Mota) Gur, que entonces era el agregado militar en Washington y se encontraba allí, preguntó varias veces: «¿Por qué él y no yo?»
El embajador Dinitz dijo entonces en una entrevista: «Si fueron terroristas quienes lo atacaron, es importante que entiendan que ese no es el camino». Dinitz fue prudente y no afirmó quién había atacado al agregado, aunque todos estaban convencidos de que esta vez se podía creer el comunicado de El Cairo, que atribuía el asesinato a terroristas. Por su parte, en la embajada egipcia en Washington afirmaron que los asesinos no eran árabes.
Tres meses antes del estallido de la Guerra de Yom Kipur, se llevó a cabo en Estados Unidos una extensa búsqueda del asesino o los asesinos. El entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, puso a disposición un avión presidencial para trasladar el féretro de Joe Alon a Israel. Cuando sacaron el féretro del avión en el aeropuerto Ben Gurión, aparecieron desde el oeste cuatro aviones Mirage. Pasaron por encima de la explanada. Isaac Rabin, exembajador de Israel en Washington, parecía pálido; Ezer Weizman, que había sido comandante de la Fuerza Aérea, permanecía inmóvil.
Al entonces ministro de Defensa, Moshe Dayan, le preguntaron si Israel tomaría represalias por el asesinato: «Intentaremos eliminar a los responsables del terrorismo. Los atacaremos en cualquier lugar posible. Lo hemos hecho, lo estamos haciendo y seguiremos haciendo todo lo que podamos. No llevaremos a cabo operaciones de represalia, sino que lucharemos para eliminar a los terroristas». Dayan dijo que Israel no atacaría las embajadas de los países árabes. «Esperamos y confiamos en que los distintos países hagan todo lo posible para impedir actos como este y también evitar que personas de ese tipo y sus partidarios permanezcan en su territorio, para que no puedan preparar acciones así».
Joe Alon fue sepultado en el cementerio de Kiryat Shaul. Una larga procesión de civiles y militares asistió al funeral; cada uno de ellos tenía un capítulo en la historia de la Fuerza Aérea. El entonces comandante de la Fuerza Aérea, el general Benny Peled, pronunció estas palabras: «Gran capacidad de vuelo, valentía, exigencia inflexible en todo lo relacionado con el nivel de vuelo. Luchó como un león. La Fuerza Aérea no descansará ni estará en paz hasta que se complete la tarea. Tus asesinos no quedarán impunes». Luego habló el jefe del Estado Mayor, el teniente general David (Dado) Elazar: «Joe no estaba hecho para vivir en el extranjero. Era piloto por sus cualidades y por su alma. Joe era un combatiente y cayó en una guerra sin límites, una guerra en la que a veces no se ve al enemigo, pero siempre se sabe quién es. Joe, caíste en combate y nosotros continuaremos la guerra».
El asesinato y la investigación en curso
El FBI afirmó entonces que la eficacia con la que actuaron los asesinos, que no huyeron haciendo chirriar las ruedas y llamando la atención, sino que condujeron despacio hasta alejarse de la calle, hacía pensar que el asesino era un delincuente profesional local. En aquel momento se estimó que había sido contratado por grupos árabes.
En el libro ¿Quién asesinó a Joe Alon?, de Fred Burton, traducido por Amir Oren y publicado en 2010, Burton, quien fue adjunto especial para la lucha contra el terrorismo en el Departamento de Estado de Estados Unidos, escribe que el asesinato fue perpetrado por miembros de Septiembre Negro y que quien apretó el gatillo fue un joven palestino de una familia originaria de Cisjordania que se había trasladado al Líbano en la década de 1960. La directora Liora Amir-Barmatz realizó para el Canal Uno una película titulada ¿Quién asesinó a papá?, que se emitió por primera vez en 2010. En ella presentó una versión sorprendente. «La película sostiene que Joe Alon era un agente activo del Mossad en Estados Unidos y que lo asesinaron porque sabía algo que no debía saber», explicó la directora. «En el curso de la exhaustiva investigación que llevamos a cabo, también encontramos muchas de las declaraciones y pruebas que Fred Burton presenta en su libro. No tengo nada contra Burton, pero su afirmación de que Joe Alon fue asesinado por Septiembre Negro no concuerda con los hallazgos de la película».
Debora Alon murió a los 68 años, convencida de que la causa del asesinato fue que él sabía algo que no debía saber. Todas las pruebas de los archivos del FBI fueron destruidas, algo muy inusual en una organización que conserva información desde la década de 1920. ¿Qué sabía Joe Alon que provocó su muerte?
Varios años después de la investigación de Liora Amir-Barmatz, se reabrieron los expedientes del caso. Benzi Tzfoni, combatiente de ingeniería durante la Guerra de Yom Kipur y afectado por estrés postraumático, se presentó ante las hijas de Joe Alon y declaró que, poco antes de la guerra, él y sus compañeros habían retirado minas a lo largo de 120 kilómetros, en los márgenes del canal. Los oficiales y compañeros de Benzi confirmaron su testimonio, pero no supieron explicar por qué se retiraban minas unos días antes de la guerra. Este dato se sumó a otros, y las hijas acudieron al historiador Uri Milstein, quien les dijo: «La teoría sostiene que Anwar Sadat, Moshe Dayan y Henry Kissinger llegaron a la conclusión de que, si se quería resolver el conflicto entre judíos y árabes, o al menos el conflicto entre Israel y Egipto, había que darles a los egipcios una sensación de dignidad y permitirles obtener una pequeña victoria. El plan era dejar que Egipto atacara; las Fuerzas de Defensa de Israel debían defenderse “con muy poca fuerza” para que los egipcios obtuvieran logros. Después, las Fuerzas de Defensa de Israel darían vuelta la situación, cruzarían el canal y conquistarían partes de Egipto. Luego los estadounidenses llegarían y sacarían a Israel de Egipto. La “intervención” estadounidense respondía al interés de Estados Unidos: no se trataba solo de la paz entre Israel y Egipto, sino también de expulsar a la Unión Soviética y reemplazarla como protectora de Egipto. Si Egipto expulsaba a Israel de la tierra de Gosén o de la zona al oeste del canal de Suez, los egipcios estarían felices de que los estadounidenses los hubieran salvado y pasarían del lado soviético al estadounidense. Además, la victoria egipcia sobre los israelíes en la primera etapa les devolvería la dignidad, y entonces sería posible “hacer negocios”. Henry Kissinger le dejó claro a Moshe Dayan que, si la victoria egipcia costaba la vida de 500 soldados israelíes, no sería grave, pero no calcularon que 2.500 soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel caerían en combate». Estas afirmaciones también cuentan con el respaldo del coronel en la reserva Yaakov Agassi, piloto de combate de la Fuerza Aérea israelí que comandó la base de Ramat David durante la Guerra de Desgaste y la Guerra de Yom Kipur.
La escritora Naomi Frenkel aporta elementos que respaldan esta hipótesis desde una perspectiva completamente distinta. Durante la Guerra de Yom Kipur, a los 50 años, Naomi sirvió como mayor en el comando naval en el Sinaí y en el canal de Suez. Después de la guerra tuvo acceso a todos los protocolos secretos del alto mando y, según señala, en uno de sus intercambios, Dayan le dijo a Dado: «Tenemos un acuerdo con Kissinger: no atacamos a los árabes. Esta vez los dejaremos ganar...» El coronel en la reserva Yaakov Agassi está convencido de que Joe Alon no fue asesinado por un esposo engañado, como se insinuó, ni por una organización terrorista. Según él, los estadounidenses lo asesinaron con el silencio cómplice del Mossad, porque conocía el plan y se negó a colaborar con él.






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