Podría haber actuado como muchos lo hicieron en aquella época oscura: apartar la mirada e ignorar el sufrimiento de quienes ni siquiera veía. Pero participó activamente en una de las operaciones de rescate más conmovedoras de la historia de la humanidad.
La sorprendente revelación en el estudio de la BBC
Se suponía que sería un programa de entrevistas más. En febrero de 1988, Esther Rantzen, presentadora del programa That's Life de la BBC británica, contó que habían encontrado en un ático un álbum con los nombres de niños que habían sido salvados de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Entre esos nombres estaba el de Vera Diamant. Esther contó a los espectadores que Vera estaba sentada entre el público. La emoción en el estudio era enorme. Esther continuó diciendo que entre los presentes también estaba quien la había salvado, sir Nicholas Winton, y que estaba «sentado a tu lado». La cámara enfocó a Vera, emocionada, mientras abrazaba a su salvador, que ya tenía 77 años.
Cuando parecía que el segmento había terminado, Esther preguntó: «¿Hay alguien entre el público esta noche que le deba la vida a Nicholas Winton? Si es así, ¿podría ponerse de pie, por favor?». La cámara recorrió al público, que se puso de pie en su totalidad. Eran los mismos niños que habían sido salvados gracias a Nicholas Winton, quien hasta ese momento creía que era él quien estaba sorprendiendo a Vera. Winton, emocionado, se secó las lágrimas mientras la presentadora empezaba a contar su historia. El video se volvió viral después de que millones de personas en todo el mundo lo vieran y se emocionaran.
Las acciones de rescate de Nicholas Winton no se hicieron públicas. No veía ninguna necesidad de hablar de ellas. Supuso que, después de la guerra, todos los niños habían salido de Inglaterra, tal como exigían las disposiciones legales.
A principios de los años ochenta, Nicholas Winton fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico, pero no recibió ese honor por haber salvado a los niños, sino por su contribución a la creación de viviendas protegidas para ancianos necesitados. Recién en 1988, cincuenta años después de aquellos sucesos, su esposa encontró en el ático de su casa un álbum con listas de los niños, sus fotografías y cartas escritas por sus padres. Ella lo convenció de que hiciera pública su historia. En una entrevista concedida al Canal 2 en 2009, dijo: «La bondad activa consiste en hacer algo bueno. La bondad pasiva consiste simplemente en vivir una buena vida y no hacer daño a nadie. No tiene sentido pensar que tuviste una buena vida solo porque nunca le hiciste daño a nadie. Tuviste una buena vida si hiciste el bien». Su lema era: «Si algo no es imposible, entonces tiene que haber una manera de hacerlo». Nicholas Winton rechazaba los elogios y se negaba a considerarse un héroe.
Europa al borde de la guerra
Los alemanes llamaron a 1938 «el año de la decisión». Ese año se radicalizó la política nazi hacia los judíos y comenzaron los preparativos para iniciar la guerra. Se confiscaron bienes judíos por un valor superior a los dos mil millones de marcos. En octubre de ese año se invalidaron los pasaportes de los judíos, y quienes necesitaban uno para emigrar recibieron un pasaporte marcado con la letra J (Jude, judío). Otra ley de ese año obligó a los judíos cuyos nombres no fueran típicamente judíos a añadir «Israel» a sus nombres si eran hombres y «Sara» si eran mujeres, para que pudieran ser identificados solo por su nombre.
En marzo de 1938, Alemania se anexionó Austria en un proceso llamado Anschluss (anexión). En septiembre, Hitler empezó a exigir a Checoslovaquia la región de los Sudetes, donde muchos habitantes eran de origen étnico alemán. A finales de ese mes se celebró la Conferencia de Múnich, en la que participaron Adolf Hitler, Neville Chamberlain (primer ministro del Reino Unido), Édouard Daladier (primer ministro de Francia) y Benito Mussolini (primer ministro de Italia). Al término de la conferencia se acordó la anexión de los Sudetes a Alemania. Chamberlain regresó a Londres y pronunció el famoso discurso en el que afirmó que había traído «la paz para nuestro tiempo». Antes de la conferencia, Winston Churchill había escrito: «Gran Bretaña podía elegir entre la deshonra y la guerra. Eligió la deshonra, pero no escapará a la guerra».
El 1 de octubre de 1938, las fuerzas nazis entraron en los Sudetes, la región germanoparlante de Checoslovaquia. Praga, la capital checa, se llenó de refugiados desesperados que intentaban huir y, sobre todo, poner a salvo a sus hijos.
El presidente estadounidense Franklin Roosevelt convocó la Conferencia de Évian para tratar el problema de los refugiados de Alemania y Austria. En julio de 1938 se reunieron representantes de 32 países. Todos los asistentes expresaron su pesar por la situación de los refugiados, pero, uno tras otro, anunciaron que sus países no podían acogerlos. Australia incluso sostuvo que «en la situación actual, Australia no puede hacer más... Como aquí no existe un verdadero problema racial, no deseamos importar uno». Mientras el Gobierno británico cerraba las puertas de Palestina a la inmigración y al asentamiento, los judíos desesperados intentaban marcharse a cualquier otro destino posible.
La operación para rescatar a los niños de Praga
Nicholas Winton nació en Inglaterra en 1909 con el nombre de Nicholas George Wertheim. Sus padres eran judíos alemanes que habían emigrado a Inglaterra y se habían convertido al cristianismo. Dos años después nació Nicholas y fue bautizado como cristiano. Durante la Primera Guerra Mundial, cuando la casa real inglesa pasó a llamarse Windsor (su nombre anterior, Sajonia-Coburgo-Gotha, era alemán), los padres de Nicholas también cambiaron su apellido alemán por Wortham, un nombre de sonoridad inglesa. Al terminar sus estudios, Nicholas Wortham empezó a trabajar en bancos de Alemania y Francia; más adelante regresó a Inglaterra y comenzó a trabajar como agente de bolsa en la Bolsa de Londres. Cuando su padre murió en 1937, cambió su apellido por otro aún más inglés: Winton.
Nicholas Winton era un exitoso agente de bolsa que llevaba una vida cómoda en Londres. En octubre de 1938, unos 150.000 refugiados de Checoslovaquia fueron concentrados en campamentos, y se temía mucho por sus vidas. A los 29 años llegó a Praga por invitación de un amigo que trabajaba en la embajada, y allí conoció la oleada de refugiados de los Sudetes. Nicholas estaba decidido a encontrar una manera de sacar a los niños, ya que muchos países se negaban a acoger a familias enteras. Fundó la «Asociación de Ayuda a los Niños de Checoslovaquia» y se nombró presidente. El objetivo de la organización era sacar del país y salvar a tantos niños como fuera posible. Los padres acudían a él con una sola petición: «Salve a mi hijo». Nicholas organizó listas de niños y regresó a Londres para convencer a las autoridades de que le permitieran llevarlos. Trabajó muchas noches seguidas, movilizó a amigos y familiares y pidió a su madre que dirigiera la operación en Londres. Las autoridades británicas escucharon a Winton, pero impusieron varias condiciones. La principal era que cada niño que llegara debía tener una familia adoptiva. Así comenzó el programa Kindertransport (transporte de niños). Al mismo tiempo, escribió al presidente Roosevelt y pidió que Estados Unidos acogiera a los niños cuyas vidas corrían peligro. Se encontró con una negativa...
Nicholas fotografió a los niños y publicó sus fotos en los periódicos con el objetivo de encontrar familias que los acogieran durante la guerra. Sabía que cada día que pasaba sin que fueran adoptados ponía en peligro sus vidas. Incluso cuando encontraba familias dispuestas a acogerlos y conseguía el dinero para transportarlos (parte de los gastos los pagó de su propio bolsillo), las autoridades seguían demorando la concesión de los permisos de emigración. Nicholas tuvo que falsificar documentos y sobornar a funcionarios para que los niños pudieran llegar a un lugar seguro.
Los primeros veinte niños salieron de Praga el 14 de marzo de 1939. Al día siguiente, las fuerzas alemanas invadieron la ciudad. Hugo Weisel tenía 10 años cuando vio con sus propios ojos a Hitler recorrer en un automóvil descapotable las calles de Praga, en un desfile triunfal. Poco después, también allí empezó la violencia contra los judíos. Primero confiscaron sus bienes y luego los enviaron a trabajos forzados. Noska y Pavel Weisel, los padres de Hugo, comprendieron que, para salvar a Hugo y a su hermano, tenían que enviarlos a Inglaterra. Durante la primavera y el verano de 1939, 669 niños partieron en siete trenes para emprender un largo viaje desde el corazón de la Alemania nazi hasta Londres, donde fueron distribuidos entre las familias de acogida.
«Era un hombre muy modesto y no le contó a nadie que él había iniciado la operación de rescate», contó Hugo Marom (que más tarde sería piloto y alto mando de la Fuerza Aérea), quien también fue uno de los cientos de niños salvados por Winton. «No se veía a sí mismo como un héroe, aunque todos lo veían así, y siempre decía que los verdaderos héroes eran los padres de esos niños». Según Marom, si la esposa de Nicholas Winton no hubiera encontrado el cuaderno que él llevaba, con los nombres de todos los niños que había sacado de la zona ocupada por los nazis y enviado con familias de acogida, «quizá la historia nunca habría salido a la luz».
«Todos entendían que había que encontrar una manera de salir del país, porque sería muy difícil vivir bajo la ocupación nazi», explicó Marom. «Mis padres intentaron conseguirnos una visa para Estados Unidos y se dirigieron al menos a dos organizaciones para que me ayudaran a mí y a mi hermano a salir de Checoslovaquia, pero no lo consiguieron. Finalmente, se pusieron en contacto con el representante de Winton y organizaron nuestra salida del país rumbo a Gran Bretaña... Winton hizo que nuestros padres sintieran que podían confiar en él cuando les dijo que cada niño tendría una familia esperándolo en Gran Bretaña. Al crecer, uno entiende hasta qué punto nuestros padres tuvieron que ser valientes para confiar en alguien a quien habían visto en una foto o cuyas cartas habían leído», contó. «Cerraron el tren en Praga y, en la parada que hicimos en Leipzig, nos esperaban mesas con cacao. Nos dieron comida y bebida, y una postal para enviarles a nuestros padres», recordó Hugo Marom. «Fue también entonces cuando vi por primera vez a judíos con una insignia, una estrella de David amarilla».
Nicholas Winton organizó toda la operación con una precisión que quedó grabada en la memoria de Hugo, entonces niño: «La salida estuvo muy bien organizada y coordinada con los alemanes. Cada niño salió con una cantidad determinada de ropa y sin dinero... Los alemanes solo querían sacar a los judíos, y hacerlo de la manera más ordenada posible. Y eso era algo que Nicholas Winton sabía hacer... Llegamos a Liverpool y, desde allí, los niños se distribuyeron entre las familias que los esperaban».
Hugo Marom mantuvo el contacto con Winton y organizó su visita al país: «Hablamos muchas veces de erigir un monumento a los padres (algunos de los cuales no sobrevivieron al Holocausto), y él dijo: “Seré el primero en enviar el dinero”. No permitió ni por un instante que le diéramos una palmada en la espalda; para él, todo era mérito de los padres».
Un octavo tren, con otros 250 niños, debía salir de Praga el 1 de septiembre de 1939, pero la guerra comenzó ese mismo día y el tren no partió. Es probable que esos 250 niños no sobrevivieran al Holocausto. Varios años después, los nazis empezaron a poner en práctica la «Solución Final» y establecieron guetos, campos de trabajo y campos de exterminio. Durante todo ese tiempo, Nicholas Winton intentó averiguar qué había sido de los padres, entre ellos Noska y Pavel, los padres de Hugo, y durante años quiso saber qué había sido de aquellos niños e intentó dar con ellos. Los padres de la mayoría de los niños fueron asesinados en los campos de exterminio, y ellos quedaron huérfanos. Algunos se quedaron en Inglaterra, otros emigraron a Israel y otros se dispersaron por Australia y Estados Unidos. Hoy se llaman a sí mismos «los niños de Winton».
El reconocimiento tardío de sus actos
Durante la guerra, Winton se ofreció como conductor de ambulancia de la Cruz Roja y, más tarde, entrenó a pilotos. Al terminar la guerra se casó y formó una familia. Durante 50 años no habló de lo que había hecho antes de la guerra. Cuando la presentadora Esther Rantzen le preguntó por qué había guardado el secreto tanto tiempo, respondió sencillamente: «En realidad, no lo guardé en secreto. Simplemente no hablaba de ello... Estuve allí, lo hice. Mi trabajo había terminado... Durante esos 50 años tenía otras cosas que hacer». Entre otras cosas, Nicholas se dedicó a ayudar a personas con discapacidad intelectual y a construir residencias para ancianos. «Acabamos de inaugurar nuestra segunda residencia para ancianos y está llena», contó con orgullo.
La labor heroica de Winton no se limitó al Holocausto: «Fui a Filipinas para ayudar a la gente de la selva. Adoptamos a dos niños. Patrocinamos a refugiados de Rusia y Eritrea. Uno ayuda a la gente. Hoy vivo en un lugar donde tengo la oportunidad de ayudar a los demás. Ahora trabajo dos días a la semana como voluntario en el hospital infantil... Tenemos que vivir lo mejor que podamos. Debemos aportar algo al mundo y vivir de una manera que haga que mis padres se sientan orgullosos».
Nicholas Winton recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la distinción de «Héroe Británico del Holocausto», la «Gran Cruz de la Orden del León Blanco» y la «Orden de Tomáš Masaryk». Recibió la ciudadanía honoraria de Praga; la reina Isabel II le concedió el título de caballero en reconocimiento a su labor de rescate de los niños; dos astrónomos checos dieron el nombre de Winton a un asteroide que descubrieron; en 2008, el Gobierno checo lo propuso como candidato al Premio Nobel de la Paz.
En 1999 se estrenó la película All My Loved Ones, que retrata sus acciones de rescate. Tres años después se produjo el documental Nicholas Winton: The Power of Good. En 2002, Tony Blair, entonces primer ministro británico, lo elogió y lo apodó «el Schindler británico». En 2005, Nicholas visitó Israel y se reunió con los niños que había salvado en un acto organizado en Yad Vashem. En 2009, al cumplirse 70 años de la operación de rescate, se recreó el viaje de Praga a Londres con la participación de aquellos niños. En 2023 se estrenó la película One Life, protagonizada por Anthony Hopkins, quien interpretó a Winton.
En 2014, cuando Winton tenía 105 años, Barbara Walters publicó el libro que había escrito sobre él y dijo: «Para mí fue un gran viaje de descubrimiento. Tuve acceso a todos los documentos y fotografías de Nicky, que conservó a lo largo de su vida, así como a sus recuerdos y a los de sus amigos, familiares y colegas. Espero que quienes lo lean encuentren sus historias tan fascinantes como me parecieron a mí».
Entre los niños que salvó estaban también, como ya se mencionó, Hugo Marom, uno de los primeros pilotos de la Fuerza Aérea, y Joe Alon, piloto y alto mando cuyo nombre lleva un museo de la cultura beduina en Yatir.
Nicholas Winton no fue reconocido como Justo entre las Naciones porque ese título solo se concede a personas no judías cuyas acciones de rescate las pusieron en peligro.
Sir Nicholas Winton vivió muchos años y murió en julio de 2015, a los 106 años.






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