Una de las fundadoras de Kfar Bilu y una de las primeras mujeres en introducir el concepto de «sacrificio». Tras perder a sus dos hijos, fue una de las fundadoras de la región de Lakish.
Una de las fundadoras de Kfar Bilu y una de las primeras mujeres en introducir el concepto de «sacrificio». Tras perder a sus dos hijos, fue una de las fundadoras de la región de Lakish.
«La paz, cuanto más se comparte, más hay para todos…»
Familia, inmigración, sacrificio y duelo
Rebeca Gover nació en Ucrania en 1902, en el seno de una arraigada familia judía de campesinos que durante cinco generaciones se había ganado el pan trabajando la tierra. Desde niña, Rebeca se acostumbró al duro trabajo del campo. A los 19 años se casó con Mordejai Gover, erudito, profesor de hebreo e instructor agrícola que, con el tiempo, también sería elegido presidente de los consejos regionales de Be'er Tuvia y Lakish. En el invierno de 1921, Rebeca dio a luz a su primera hija, pero esta murió a las seis semanas. Tras la muerte de su hija, Rebeca hizo un voto y dijo: «Los dolores del parto no son nada difíciles y, de ahora en adelante, siempre daré a luz con alegría».
En 1925, Rebeca y Mordejai hicieron aliá y se establecieron en la colonia de Rehovot, donde Rebeca trabajó como maestra y dio a luz a sus dos hijos: Efraín y Zvi. Efraín fue el cuarto hijo que tuvo y el único que sobrevivió más de unas pocas semanas. En sus escritos, Rebeca anotó: «El parto de Efraín comenzó a las ocho de la mañana y terminó a las diez de la noche. Durante todo ese tiempo no dejé escapar ni un suspiro, porque así lo había prometido».
Rebeca y Mordejai Gover estuvieron entre los fundadores del moshav Kfar Bilu y, más tarde, también fundaron Kfar Warburg. Durante la Segunda Guerra Mundial, Rebeca siguió el dictado de su conciencia, se alistó en el Ejército británico y sirvió como cocinera en un campamento de Sarafand (el actual Tzrifin). Salía de permiso los fines de semana y, además, cada tres meses recibía una semana de permiso.

Rebeca fue la primera en introducir el concepto de «sacrificio» en el discurso sobre el alistamiento de las mujeres, un concepto que hasta entonces se atribuía únicamente a los hombres. En su libro «Solo un sendero», Rebeca describió cómo ella y su familia fueron marginadas cuando decidió alistarse en el ejército en contra de la postura del movimiento. Unos dos años antes de que comenzara el alistamiento de mujeres, Gover escribió: «¿Quién me creerá cuando digo que estoy dispuesta a sacrificar lo que más quiero, que deseo entregar lo más preciado, pues no compraremos nuestra libertad a bajo precio?». Rebeca no consideraba que dejar a su familia fuera abandonarla, sino cumplir una misión.
En una carta que escribió a su hijo Efraín, en el frente de Italia, en abril de 1945, decía: «…¿De qué otro modo se puede valorar la personalidad de una persona, si no es por el peso del deber que está dispuesta a imponerse? …¡Marchamos junto a todos los buenos!».
En la Guerra de Independencia cayó su hijo Efraín. Dos meses después, también cayó su hermano Zvi, en las extensiones del Néguev, en las tierras de Hulikat.
Sobre Zvi, que se alistó en el Palmaj tras la muerte de su hermano, escribió: «Al caer el hermano mayor, el menor no encontró descanso hasta cumplir su juramento: “Por el camino en que encontraste la muerte iré yo, aunque sea entre tormentos, aunque sea con dolor, aunque sepa con certeza que este es mi último camino. Por la santidad del dolor y por la santidad de mi amor por ti, te lo juré. Por todo aquello por lo que vale la pena morir”».

Terminó sus palabras diciendo: «Cuando mi hijo fue ofrecido por entero en sacrificio, cuando ofrecimos a dos, puse mi mano temblorosa sobre su cabeza y lo envié a la matanza; a mi lado, él entregó su alma a la muerte».
Rehabilitación, escritura y reconocimiento
El duelo no hizo flaquear a esta mujer excepcional. Organizó el sistema educativo en el campamento de tránsito cercano de Kastina (Kiryat Malají) y dirigió con mano firme la escuela del lugar. Durante la Operación Kadesh volvió a ofrecerse como voluntaria. Donó su próspera granja de Kfar Warburg y se trasladó al sur, a la desolada región de Lakish, para construir infraestructura y fundar las colonias que acogieron la ola de inmigración y se convirtieron en un éxito económico.
En sus últimos años, Rebeca y Mordejai se trasladaron al moshav «Kfar Ajim» (llamado así por sus dos hijos) y, debido a la mala salud de Mordejai, ella se mudó a una residencia de ancianos en Tel Aviv.
Los libros de Rebeca, «Los hermanos»; «Hacia las antorchas de Lakish»; «Herencia para transmitir»; «Solo un sendero» y «Así es la historia de Kfar Ajim» alcanzaron una amplia difusión y se tradujeron a muchos idiomas, entre ellos el japonés.
En 1976, Rebeca recibió el Premio Israel por su contribución especial a la sociedad y al Estado. Como homenaje, el entonces primer ministro, Menajem Beguin, la invitó a la ceremonia de firma del tratado de paz con Egipto en Camp David, en marzo de 1979. En septiembre de 1981, Rebeca se quitó la vida al saltar desde el balcón de su habitación, en el piso 12. Tenía 79 años cuando murió. Dejó una hija, Jaya, y un nieto pequeño.







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