Fue uno de los primeros investigadores en documentar las costumbres de numerosas comunidades judías en países como Egipto, Indonesia, India, Etiopía, Yemen, Australia y Alemania, entre otros. Un hombre curioso que descubrió documentos de la «Genizá de El Cairo» e investigó el «Códice de Alepo». Sus descubrimientos fueron sencillamente asombrosos y dejaron su huella en la historia de Israel.

Un viento del norte soplaba con fuerza y el barco se sacudía sobre las olas. Así describe el rabino Yaakov Sapir lo ocurrido a la mañana siguiente de la tormenta, durante su viaje a la India: «Al amanecer, los santos viajeros (peregrinos musulmanes) se enfrentaron con vehemencia al capitán, porque les había causado un mal al llevar con ellos a un judío impuro durante aquel viaje sagrado y purificador (su peregrinación a La Meca). Como devoradores de carne humana, se mostraron crueles y quisieron atraparme y arrojarme al mar, en medio del océano. Pero el capitán, a quien me había recomendado un comerciante respetado de la ciudad de Suez, que le había ordenado protegerme y se había comprometido a que no me ocurriera ningún daño, y que además sabía que yo era europeo y que llevaba documentos consulares, por los que tendría que responder, me sostuvo con todas sus fuerzas y no me entregó como presa a sus dientes. Pero el terror a la muerte se apoderó de mí y temí por mi vida a cada instante».

De Safed a Jerusalén

Yaakov Sapir nació en 1822 en una pequeña localidad cerca de Vilna, en Lituania. Cuando tenía diez años, su familia emigró a la Tierra de Israel y se estableció en Safed. Un año después murió su padre y, unos meses más tarde, falleció su madre. En 1834, cuando tenía 12 años, hubo pogromos contra los judíos de Safed (la «revuelta de los fellah»). Yaakov huyó a la aldea de Zeitún y escribió: «Nos quedamos allí cuarenta días, bajo la amenaza de muerte a manos de los ladrones; nuestras pertenencias estaban ante nuestros ojos en manos de extraños y ni siquiera confiábamos en que salvaríamos la vida. Nos dejaron desnudos y despojados, pues también nos quitaron la ropa y vaciaron todo lo que había en nuestra casa...»

Dejó Safed después del terremoto de 1837. Se trasladó solo a Jerusalén, donde encontró el amor. A los 15 años se casó con Feiga Lea, hija del rabino Shlomo Zalman Cohen, uno de los líderes de la comunidad de los Perushim, a la que pertenecía. «Comunidad de los Perushim» era el nombre que recibían los discípulos del Gaón de Vilna (el Gaón Rabenu Eliyahu, el sabio de Vilna), quienes llegaron a la Tierra de Israel ya en 1808. Estos discípulos se establecieron en el barrio judío, en el patio de Rabí Yehuda Hehasid. En aquella época, Yaakov trabajaba como maestro en el Talmud Torá «Etz Jaim», comerciaba con etrogim y, para la sociedad funeraria, redactaba las inscripciones de las lápidas. Yaakov también escribía poemas; compuso «Kanaf Renanim» en honor a Moses Montefiore.

«Un hombre de baja estatura, cuyo rostro estaba pálido por la enfermedad, con círculos rojizos alrededor de los párpados. A ambos lados de su gorro, rasgado y lleno de suciedad, se enredaban sus largos mechones de cabello, a los que ningún peine era familiar. Ya no quedaba rastro del abrigo de seda que llevaba ni de su antiguo esplendor, y sus zapatos, que se había quitado en el umbral, parecían llevar sobre sus cabezas agujereadas todo el polvo del valle de Josafat acumulado desde tiempos inmemoriales». Así describió Ludwig August Frankl el aspecto de Rabí Yaakov Sapir en su libro Yerushalima: feo de aspecto y vestido con ropa sucia.

Misiones y viajes por Oriente

En una época en que viajar significaba emprender una peligrosa aventura que duraba muchos días, Yaakov Sapir sirvió como shadar (emisario de los rabinos). Estos emisarios eran enviados desde la Tierra de Israel a las comunidades judías de la diáspora para recaudar donaciones destinadas al sostenimiento del asentamiento judío en la Tierra de Israel. También transmitían entre las distintas comunidades información religiosa y cultural, además de noticias de actualidad. Se desconoce el destino de alrededor del diez por ciento de los shadarim que salieron de la Tierra de Israel.

En 1858, el rabino Yaakov Sapir fue enviado a la India y Australia para recaudar dinero con el que construir la sinagoga «Hurvat Rabí Yehuda» en Jaffa. Se embarcó rumbo a Alejandría y desde allí emprendió un viaje por tierra hacia el interior de Egipto. Visitó las comunidades judías que encontró en el camino y documentó tanto a sus integrantes como las penurias de su viaje. En una ocasión contó cómo estuvo a punto de ser asesinado y, en otra, cómo casi se quedó ciego. Desde Egipto, Yaakov Sapir continuó a Etiopía, donde fue uno de los primeros en constatar la existencia de judíos y los describió con gran acierto. Después de que lo estafaran y se quedara sin dinero, tuvo que detenerse en Yemen: «Y Dios lo encaminó para bien... De Yemen obtuve mucha información valiosa y alcancé mis preciados objetivos, así como una buena recompensa por mi trabajo...»

Los judíos de Yemen lo cautivaron. Rezó en una sinagoga yemení, celebró el séder de Pésaj según la costumbre de los judíos de Yemen y participó en ceremonias junto a sus anfitriones. Pasó un año en su compañía. Fue el primer judío en llevar a los judíos yemeníes, que vivían en condiciones humillantes, la noticia del regreso a Sion y noticias sobre la vida de los judíos en otros países, donde estaban protegidos por la ley. También fue el primero en llevar noticias de los judíos de Yemen al asentamiento judío de la Tierra de Israel.

Así describió con acierto a la comunidad de Yemen: «Aquí esperé alrededor de una hora en el zoco de Al Rabuá, y algunos judíos bajaron al mercado. Al verlos a lo lejos, cargando sus bultos, sus rostros me revelaron que eran judíos. Sus mechones en las sienes, que llaman “simanim” (pues son una buena señal para Israel), les llegaban hasta el pecho. Sus barbas no eran largas ni pobladas como las de la mayoría de los habitantes de este país, de tez oscura y curtida por el sol. No lucían el esplendor de una barba abundante, pero ni la navaja ni las tijeras las habían tocado. Tenían la cabeza rapada y cubierta solo con un turbante negro, sin una banda alrededor de la corona, empapado en aceite; se untaban la cabeza y todo el cuerpo con mantequilla cocida (en árabe, samna). Sus ropas también eran negras y relucientes, y no les faltaba grasa. Llevaban sobre los hombros, bajo la carga, un talit grueso, negro y adornado con flecos, doblado como un manto, y los flecos se arrastraban por el suelo, pues era su vestimenta y su manto. Cualquiera que los viera reconocería que eran descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Al reconocernos unos a otros, la alegría y el júbilo brotaron de lo más profundo del corazón, como la dicha de un novio. Los besos en los labios y en el corazón abrieron el manantial de los ojos, que derramaron lágrimas de alegría por el amor al pueblo elegido».

Desde Yemen continuó a la India, Java, Australia y Nueva Zelanda. De regreso, fue testigo de la excavación del canal de Suez. Al volver, puso por escrito las experiencias de sus viajes en tres volúmenes, a los que llamó Even Sapir. Al comienzo del libro escribió: «Recorreré la tierra de Jam (el viaje por Egipto), el mar Rojo, los recovecos de Yemen, todo el Oriente de la India y la nueva tierra de Australia... Las tierras que recorrí y exploré durante cuatro años y nueve meses, y sobre las que escribí para dejar constancia del estado y la descripción de nuestros hermanos y nuestro pueblo, de su moral religiosa y civil, y de lo que les ha sucedido desde entonces hasta hoy. A ello se suman relatos y asuntos de la Torá, investigaciones y observaciones acertadas, anotaciones sobre inscripciones en lápidas antiguas y comentarios sobre ellas, cantos sagrados, súplicas y hechos extraordinarios: algo que todos pueden apreciar».

Mantuvo el contacto con los judíos de Yemen también después de regresar a la Tierra de Israel. Se escribía con ellos, trabajó para preservar su legado y ayudó a imprimir el libro Hemdat Hayamim, escrito por su rabino, Rabí Shalom Shabazi.

La Guenizá y otros descubrimientos

La historia de la Genizá de El Cairo podría ser la base de un fascinante libro de gran extensión. Según la tradición, los libros sagrados no pierden su santidad ni siquiera cuando se deterioran. Por eso, en cada sinagoga hay un nicho o una habitación de genizá donde se guardan los libros gastados. Lo mismo sucedía en la antigua sinagoga de la comunidad judía de Fustat, la ciudad vieja de El Cairo, fundada en 882, donde solía rezar Maimónides.

Con el paso de los años, además de los libros de la Torá que se depositaban en la genizá, también se guardaron allí documentos legales, cartas, listas de nombres y otros textos. El clima característico de Egipto preservó este tesoro. En 1864, Yaakov Sapir fue el primero en descubrir esta genizá, reconocer su inmenso valor y extraer de ella varios documentos. Reveló la existencia de la genizá en un libro que escribió ese mismo año. Hoy se pueden encontrar partes de ella en la Universidad de Cambridge, así como en San Petersburgo, Budapest, Viena, Estrasburgo, París, Londres, Oxford, Manchester, Nueva York, Filadelfia y Washington, entre muchos otros lugares. En la genizá se descubrieron alrededor de 350.000 fragmentos de textos que enseñan sobre la vida judía durante la Edad Media, cuando llegaban a la genizá textos procedentes de lugares que iban desde España y Marruecos, al oeste, hasta Adén y la India, al este. En ella aparecieron tesoros de manuscritos de la época de los gueonim y los rishonim, cartas escritas de puño y letra por Maimónides, responsa halájicas de los gueonim y páginas en griego, latín, persa, árabe e incluso chino. El material hallado permite aprender sobre lo que ocurría en la Tierra de Israel a comienzos de la Edad Media, sobre el estudio del judaísmo caraíta y del Talmud de Babilonia, así como sobre decenas de investigaciones de otros campos, como la magia y la mística judías. Hasta el día de hoy se sigue investigando la genizá y se recurre a la tecnología más avanzada para continuar el estudio.

En 1865, unos siete años después de su primer viaje, Yaakov emprendió otro viaje por Europa. Visitó Rusia, Francia y Alemania, donde recibió de la comunidad de Posen la ciudadanía prusiana, que le otorgó la nacionalidad alemana.

Su curiosidad no solo condujo al descubrimiento de los documentos de la genizá, sino también a revelar la naturaleza de la «Cueva de los hijos del cerdo», en las laderas del monte de los Olivos. El rabino Sapir también participó en la sociedad «Petaj Tikva», que en 1871 se propuso comprar tierras en Jericó para establecer un asentamiento.

El «Códice de Alepo», que hoy se exhibe en el Santuario del Libro de Jerusalén, es el manuscrito de la Biblia con el texto más preciso. Fue escrito en Tiberíades en el año 930 y pasó por las comunidades de Jerusalén, El Cairo y Alepo (Siria). En 2016, la Unesco declaró el códice Patrimonio Cultural Mundial. Cuando el manuscrito se encontraba en Alepo, el rabino Yaakov Sapir fue uno de los primeros investigadores en estudiarlo.

En 1882, el rabino Yaakov tuvo la oportunidad de ver la llegada de los judíos de Yemen («E'ele Betamar»), a quienes había visitado 20 años antes. Con gran pesar, vio que vivían en las cuevas y oquedades de la aldea de Silwan, sin que nadie de la comunidad judía se ocupara de ellos; incluso había quienes ponían en duda que fueran judíos.

Tres años después murió el rabino Yaakov Sapir y fue enterrado en la sección de los Perushim del cementerio del monte de los Olivos. En su lápida se grabó una inscripción modesta. Sus yernos fueron Shmuel Baruj, hijo del rabino Jaim Nisim Baruj, y Yejiel Bril, uno de los pioneros del periodismo en la Tierra de Israel. Su nieto fue el activista sionista Eliyahu Sapir y su bisnieto, Yosef Sapir, uno de los líderes de los Sionistas Generales y ministro en los gobiernos de Israel.

Fotos de esta historia: הרב יעקב ספיר
בית הקברות היהודי בהר הזיתים, שבו נטמן הרב יעקב ספירצילום: Matthias Kopp, ויקישיתוף (נחלת הכלל)

En 1950, inmigrantes de Yemen fundaron un moshav cerca de Jerusalén y, como homenaje al rabino Yaakov Sapir, lo llamaron «Even Sapir».

Fotos de esta historia: הרב יעקב ספיר
הכניסה למושב אבן ספיר, הקרוי על שם ספרו של הרב יעקב ספירצילום: Ariel Palmon, CC BY 3.0, ויקישיתוף