Fue el poeta de la comunidad. Sus poemas atravesaron siglos, miles de kilómetros y generaciones enteras hasta llegar a nuestros días. Escribió en tres idiomas, y sus poemas se convirtieron en parte de la banda sonora de Israel.

Su infancia y sus andanzas por el Yemen

Rabí Shalom Shabazi nació en 1619 en la aldea de Najd al-Walid, cerca de Taiz, la capital del sur de Yemen. Su padre era Rabí Yosef ben Avigad ben Halfon, un erudito de la Torá y poeta, miembro de la familia Mishta, conocida en aquellos días por los eruditos y poetas que habían salido de ella. Así, naturalmente, Shabazi creció rodeado de cultura, poesía y Torá. En aquellos días, los gobernantes de Yemen eran los turcos, durante el período otomano, y el gobernador local era cercano a ellos. Para ganar su favor, decretó medidas contra los judíos: convertirse al islam o morir, y luego comenzó a perseguirlos. Cuando Shabazi tenía un año, encarcelaron a los dirigentes de la comunidad, entre ellos a su padre, porque se negaron a convertirse al islam. Al cabo de un año de trabajos forzados, los prisioneros fueron liberados mediante el pago de un rescate, pero se les obligó a abandonar la localidad.

Sin su padre, que era el sostén de la familia, esta cayó en la pobreza, y el pequeño Shabazi se encontró vagando por los caminos y pidiendo limosna. «Si las puertas de los generosos se cerraran», escribiría sobre aquellos días en que llamaba a sus puertas, y ya entonces encontraba consuelo en la fe de que «las puertas de las alturas no se han cerrado». Muchas noches se acostó con el estómago vacío: «Dormí con hambre y me desperté con este canto». También escribió sobre aquellos viajes: «Pues me rodearon perros, de todas partes se congregaron; un asno salvaje, un león y lobos, mi corazón y mi alma se estremecieron». Rabí Shalom Shabazi, pobre en bienes materiales pero rico en cultura, creció y encontró consuelo en la poesía y el estudio de la Torá. Tras la muerte del santo Arí, en Safed, en 1572, su obra, «La cábala del Arí», se difundió por todo el mundo judío. Según esa cábala, el mundo está lleno de chispas que hay que recoger para «reparar los recipientes». Esta enseñanza también llegó a Yemen, y Shabazi quedó cautivado por ella. Comenzó a estudiar cábala y mística. Aprendió de su padre y de otros miembros de su familia Mishná, Talmud, agadá, midrash y filosofía, pero también estudió materias seculares y astronomía, que en aquel tiempo representaban la cumbre del saber. Dominaba el hebreo, el árabe y el arameo, y conocía a fondo la literatura árabe y el Corán.

A los 15 años quedó huérfano de padre, y la responsabilidad de asegurar su propia subsistencia y la de toda su familia recayó sobre sus hombros. Para ganarse la vida, tejía mantos de oración y escribía poemas para bodas, circuncisiones y funerales. Su poesía está escrita en hebreo, árabe y arameo, y también combina esos idiomas. Escribió 850 poemas. El más conocido, «Si se cerraran», alterna una estrofa en hebreo y otra en árabe.

En sus viajes, Shabazi llegó a la ciudad de Saná y se puso a estudiar con sus sabios. Fueron días maravillosos para él, sobre los que escribió con nostalgia y elogio en sus poemas. De Saná pasó a la cercana ciudad de Shabaz, donde recibió el apodo de «al-Shabazi». Como él mismo señaló: «Soy el más joven de los autores, Shalem, hijo del rabino Yosef Israel; me llaman por el nombre de mi familia, de los Mishta, y por el de mi ciudad, al-Shabazi». Los judíos del sur de Yemen lo conocían como «Abba Shulam», y los del centro y el norte de Yemen, como «Mori Salem».

Sus libros y su conocimiento de la cábala

El inmenso saber que adquirió por cuenta propia y mediante el intercambio de cartas con los sabios de Saná quedó plasmado en varias obras: «Hemdát Yamim», una breve interpretación de las lecturas de los profetas que exponía mediante los sentidos literal, alusivo, exegético y esotérico, o, en síntesis, Pardés; y «Kitab al-Raml» (raml significa arena), un libro de adivinación basado en arrojar granos de arena. Parecía que Shabazi se dedicaba a la adivinación, por lo que consideró necesario explicar sus motivos de antemano. Así escribió en la introducción de este libro: «Debes saber que la utilidad de este “Libro de la arena” es grande, y que gran parte del esfuerzo que le dediqué responde a una gran necesidad... Que nadie confíe en los milagros ni se ponga en peligro, pues los milagros no suelen ocurrirle sino a quien actúa con rectitud... Los sabios árabes se jactan ante nosotros de la arena, y esta encierra una sabiduría prodigiosa para quien sabe comprender».

Como insinúa en la introducción, Shabazi se vio obligado a escribir este libro como respuesta a un musulmán llamado Ibn Alwan, que había entusiasmado a algunos judíos con sus prodigios, sus predicciones y sus curaciones. El libro cumplió su propósito y se convirtió en un contrapeso a Ibn Alwan. Shabazi también escribió «Kitab al-Zij», sobre astrología, y «Casa de oración», un comentario sobre las plegarias.

El enorme éxito de Shabazi entre los judíos de Yemen lo convirtió en una figura legendaria. Ya en vida se le atribuían poderes prodigiosos. Se cuenta que cada víspera de Shabat ocurría el milagro del «salto del camino», gracias al cual pasaba el Shabat, una vez en Jerusalén, otra en Safed, otra en Tiberíades y otra en Hebrón, y regresaba a su casa por el mismo camino al terminar el Shabat.

Otra leyenda está relacionada con la muerte de su nieta y de su hijo. Cuenta la leyenda que su hija Miriam tenía una hija llamada Shama (en algunos lugares, Shama aparece como hija suya). Era muy hermosa, y el gobernador de la región la deseaba y pidió casarse con ella. Shabazi y su hija trataron de oponerse, pero el gobernador insistió. Se cuenta que Shama se adornó para su boda con el gobernador, y que Shabazi la acompañó con bailes, pero también con cantos fúnebres, hasta la puerta de la casa del gobernador. Allí, antes de que ella entrara, empleó sus poderes ocultos y provocó su muerte. Por espantoso que resulte, esto deja bien claro cuál es el límite que no se debe cruzar: la asimilación. Por ello hay que cumplir el precepto de «morir antes que transgredir». Otro relato habla de Shimón, el hijo arrogante de Shabazi. Un día, los hombres se reunieron en casa de Shabazi para una «tahzina», y Shimón se ofendió porque no recibió el honor que, según creía, merecía. Para dejarles claro a todos cuál era su posición, usó el «Nombre Inefable» y convirtió en serpientes todas las mangueras de los narguiles de los presentes. Shabazi se enfureció tanto con él por haber usado el Nombre Inefable sin necesidad que lo condenó a muerte, y Shimón murió. Estas leyendas engrandecieron la figura de Shabazi como un santo totalmente entregado a la Torá y a la halajá. Eran tiempos difíciles para los judíos, que buscaban cualquier asidero y veían en todo fenómeno celestial un indicio de la llegada del Mesías. Entonces, en 1666, llegó la noticia de Shabtai Zvi, que había salido de Turquía rumbo a Egipto e Israel. Para Shabazi, no cabía duda de que era el Mesías que todos esperaban. Los dirigentes judíos de Yemen se dividieron entre quienes se oponían a Shabtai Zvi y quienes lo apoyaban. Algunos de sus partidarios instaron a los creyentes a vender sus casas y prepararse para el largo viaje a la Tierra de Israel, donde tendrían la dicha de encontrarse con el Mesías del pueblo. Shabazi escribió sobre Shabtai Zvi en su poema «En un sueño nocturno me ceñí» e instó a sus amigos y a los miembros de su comunidad a prepararse para la redención: «Shabtai Zvi ha vuelto y tu reino se ha extendido sobre mí... Desde el confín de la tierra oímos cánticos: Zvi, el justo, en oriente y en occidente». Sobre Natán de Gaza, ayudante de Shabtai Zvi, escribió: «Mi amado y querido Natán, busca al pobre que soy; sobre mi casa y el umbral, extiende tu mano contra el obstáculo».

Los otomanos encarcelaron a Shabtai Zvi en 1666 y le dieron a elegir entre convertirse al islam o morir. Para asombro de Shabazi, Shabtai Zvi y algunos de sus discípulos eligieron convertirse al islam. Tras esta revelación, Shabazi pidió perdón a Dios, pero seguía convencido de que el Mesías llegaría: «El día de la redención está oculto y el fin no será revelado. Dichoso quien cree y espera». La conducta de los judíos y su deseo de abandonar Yemen y trasladarse a la Tierra de Israel afectaron negativamente las relaciones entre judíos y musulmanes. La crisis culminó con el exilio de Mawza. Un año después del episodio de Shabtai Zvi, los musulmanes comenzaron a tratar peor a los judíos, y los poemas de Shabazi constituyen un importante testimonio histórico. Uno de ellos es «En el año 5427 decretaron contra las coronas», que escribió sobre el «decreto de las coronas» impuesto por el imán Al-Mutawakkil Isma'il en 1667. Los decretos privaron a los judíos de derechos civiles, entre ellos el de adornarse la cabeza con un turbante, símbolo de una posición social respetable.

El exilio de Mawza y el legado

Más tarde, el gobernante, el imán al-Mahdi ibn Hasan al-Qasim, para quien Shabazi escribió dos poemas de alabanza, decidió en 1679 acabar con la comunidad judía de Yemen. El imán dio a los judíos a elegir entre convertirse al islam o ser expulsados del país. Los judíos de Yemen eligieron el exilio. Fueron expulsados de todos los lugares donde vivían en Yemen y enviados a la localidad de Mawza, en el sur del país, una región árida y salina.

El viaje a pie por el desierto duró unos 10 días. Muchos murieron en el camino, y se conservan descripciones desgarradoras de aquel exilio: «Las aldeas están desiertas, el hambre golpea a todos, las puertas de los generosos se cierran y aumentan el saqueo y el robo. La gente come las plantas del campo y los cadáveres de los animales. El aire de tu campo asfixia, la sed lleva a la muerte y el agua de los pozos tiene el color de la sangre turbia. ¿Quién me besará mientras estoy en el exilio y ando errante, gimiendo y sollozando en Yemen? ¿Quién me besará mientras soy rechazada? ¿Quién me besará mientras permanezco de pie, entre un espíritu y un enemigo, en el valle de la aflicción, unida en pecado a quienes engañan?».

Las estimaciones indican que murieron alrededor de dos tercios de los exiliados. De los cerca de diez mil habitantes de Saná que partieron al exilio de Mawza, apenas mil sobrevivieron. Tras un año de exilio y a raíz de diversas presiones, se permitió a los judíos regresar, pero no a sus hogares, pues los musulmanes ya se habían apoderado de ellos. Los poemas sobre el exilio de Mawza son los últimos de Rabí Shalom Shabazi, y a partir de ellos se infiere el año de su muerte. Su tumba en Taiz fue lugar de peregrinación, pero desde 1962 los musulmanes impiden el acceso a ella.

Los poemas de Shabazi fueron muy queridos entre los judíos de Yemen ya en su época, y hasta hoy se identifican con la voz de la comunidad. Se copiaron a mano en miles de diwans. De sus 850 poemas, 45 fueron musicalizados y se convirtieron en éxitos conocidos por amplios sectores de la población del país. Entre los más conocidos están «Si se cerraran», «El amor de Hadassah», «Gacela de gracia» y «El ministro designado». Los poemas y las composiciones litúrgicas de Rabí Shalom Shabazi atravesaron las barreras del tiempo y el espacio. En muchas ciudades de Israel se nombraron calles en su honor, al igual que el «barrio de Shabazi» en Tel Aviv y el moshav «Tirat Shalom». En sus poemas, Shabazi describió la Tierra de Israel bíblica, no aquella a la que los judíos emigrarían más adelante. A esa tierra se preparaban los judíos de Yemen. Cuando llegaron, esperaban encontrar sacerdotes, profetas y altares... pero al bajar del avión y besar el suelo se encontraron con judíos no religiosos, vestidos con poca modestia, con la cabeza descubierta, la barba afeitada y sin peot...

Fotos de esta historia: רבי שלום שבזי
הצרכנייה הוותיקה במושב טירת שלום, הקרוי על שם רבי שלום שבזיצילום: Danny Gershoni, CC BY-SA 4.0, ויקישיתוף