Entrar en una casa y ver en la pared la foto de un soldado nazi es extraño. Ver una foto así colgada en la pared de una casa en Haifa es aún más extraño. Pero lo más extraño de todo es ver una foto de un soldado nazi colgada en la pared de la casa de un sobreviviente del Holocausto.

El rescate de Israel Fromer

Israel Fromer, que entonces tenía 14 años, describió lo que vio uno de los días de agosto de 1942: «Kurzbach entró en el gueto con un camión militar y empezó a subir gente. Nos gritó. Le teníamos un miedo terrible. Solo después entendimos que aquello era una coartada para fingir que no era alguien que “amaba a los judíos”. Nadie sabía entonces que usaba el uniforme para salvarnos... Hizo como si estuviera mirando una lista y me gritó en alemán: “¿Cómo te llamas?”... Hasta hoy no sé si subí al camión o si me arrojaron dentro. Todos nos apiñábamos».

Israel Fromer y su familia pasaron la noche en la fábrica de Kurzbach. Las puertas de la fábrica quedaron cerradas con llave y ningún judío podía salir. Cuando volvieron al gueto, este estaba casi vacío, porque mientras les habían impedido salir de la fábrica se había llevado a cabo en el gueto una Aktion, en la que concentraron a los judíos y los deportaron al campo de exterminio de Bełżec. Así, Kurzbach salvó a unos 200 judíos. Y en la casa de Israel cuelga una foto de Gerhard Kurzbach.

Se sabe poco de Gerhard Kurzbach. Nació en Poznań en 1915. En 1919, Poznań pasó a manos de Polonia y la familia Kurzbach, junto con otras familias alemanas, abandonó la ciudad y se estableció en Bunzlau, en la Baja Silesia. Gerhard trabajaba como mecánico de automóviles en el taller de su padre. En agosto de 1939, un mes antes del ataque alemán a Polonia, fue reclutado por la Wehrmacht y sirvió en la artillería. En mayo de 1941 fue trasladado a Bochnia, donde quedó a cargo de una fábrica de reparación de vehículos militares. En la fábrica trabajaban a la fuerza cientos de residentes del gueto, lo que le permitió sacar de allí a cientos de judíos y salvarlos del exterminio. Kurzbach desapareció en marzo de 1943 y, más tarde, se supo que lo habían trasladado repentinamente a otra unidad. La última señal de vida que se recibió de él fue una carta que envió a su familia desde Rumania en 1944. Murió en 1945 en un campo de prisioneros del Ejército Rojo. ¿Sabían los alemanes de sus acciones de rescate? ¿Lo enviaron al frente como represalia por haber salvado a judíos? Estas preguntas siguen sin respuesta...

«Gracias a su valentía, nosotros y otros judíos nos salvamos de una muerte segura», contó Israel Fromer, quien también fue el último en verlo con vida. Kurzbach pasó sus últimos momentos como soldado alemán junto a una médica judía llamada doctora Neufeld. «Llegó con su uniforme de gala, que incluía una pistola y una espada larga. Le abrí la puerta, entró y enseguida la cerré», dijo Fromer, que entonces era un joven mensajero en el campo. Una media hora después, vio acercarse a la habitación a cinco soldados alemanes armados. El de mayor rango del grupo se acercó a Kurzbach, lo desarmó y lo arrestó. Desde entonces, nadie sabe qué fue de él. «Se rumoreaba que los alemanes lo sometieron a un consejo de guerra y le dispararon», dijo.

Los padres de Israel y dos de sus hermanos fueron asesinados en los campos, pero él y su hermana sobrevivieron. Después de salvarse de la Aktion gracias a Kurzbach, escapó de otra Aktion en el gueto al encontrar refugio en un búnker. Más adelante también sobrevivió al campo de Szebnie, pese a los abusos del sádico comandante Grzimek. Después del Holocausto, Grzimek fue juzgado como criminal de guerra y encarcelado en Dachau. Fromer, según contó, todavía alcanzó a «escupirle en la cara» antes de que lo ahorcaran. Israel Fromer también sobrevivió a los campos de Birkenau, Jawiszowice, Buchenwald y Theresienstadt. «Comía pájaros, cocinaba hierba, robaba comida de los perros en la perrera»... Fromer sobrevivió a los horrores y en 1948 emigró a Israel; apenas llegó, ya estaba combatiendo en la guerra de Independencia. Allí formó una familia y sus dos hijas, Irit y Ruhama, recibieron los nombres de dos de sus hermanas asesinadas durante el Holocausto. Cuando conoció los detalles de la familia de Gerhard Kurzbach, le escribió una carta: «Querida familia Kurzbach: este verano cumpliré 85 años. Desde siempre estoy agradecido al hombre que me salvó de la muerte. Le debo la vida al sargento primero Kurzbach, en Bochnia (Polonia). Él me salvó a mí, a mis padres y a mi hermano, tres años menor que yo, de ser deportados al campo de exterminio. Gracias a su valentía, nosotros y otros judíos nos salvamos de una muerte segura». Añadió: «Fui el único testigo que vio a los soldados armados de la Wehrmacht entrar en el gueto y en el edificio donde trabajaba». Firmó la carta: «Con gratitud, Israel Fromer».

Una quinta parte de los habitantes de Bochnia eran judíos. En julio de 1941, cuando los alemanes ocuparon la ciudad, establecieron el gueto, donde vivían los judíos de la ciudad y de los alrededores. El hacinamiento extremo provocó enfermedades, y estas trajeron la muerte. En agosto de 1942 comenzaron las deportaciones a Bełżec. Una gran parte de los judíos del gueto fue obligada a trabajar en el parque de vehículos militares, conocido como HKP. Algunos sobrevivientes contaron que Gerhard Kurzbach los bajaba de los transportes, los escondía en el taller y los trasladaba a un lugar seguro. Ze'ev Jacobowicz, uno de los sobrevivientes, declaró: «Cuando nos enteramos de que se estaba planeando una deportación... logramos escondernos. El resto de la familia fue llevado al tren... Uno de mis tíos estaba a cargo de la reparación de vehículos y llegó a la estación con el jefe del taller. El alemán (Kurzbach) bajó del tren a 200 judíos con el pretexto de que los necesitaba para trabajar. Mis padres estaban entre ellos... Nos llevó al campamento del ejército... Los 200 judíos fueron devueltos al gueto... y venían a trabajar todos los días...».

Greta Junkler escribió sobre su supervivencia en octubre de 1945: «Las deportaciones comenzaron en julio de 1942. Sabíamos de las redadas en Cracovia y Tarnów y suponíamos que ocurriría lo mismo en Bochnia. Mi esposo construyó un escondite en nuestro edificio... El sábado fue a trabajar, pero no regresó... Me quedé tres días en el escondite con dos niños, una hogaza de pan, un kilo de azúcar y un balde de agua. El viernes nos sacó de allí mi tío, el ingeniero Jacobowicz, quien, junto con el sargento alemán Kurzbach, jefe del HKP, salvó a varios cientos de familias judías. Llegó un camión médico. Mi hermana estaba allí... En la ambulancia había otras personas que se habían escondido en la fábrica de ladrillos. Nos llevaron al HKP, donde se escondían varios cientos de familias judías. Nos quedamos allí una semana. Los encargados del HKP nos escondieron y nos dieron de comer, y una semana después regresé al gueto con mi hermana y la familia Jacobowicz. Seis semanas después, me enteré de que mi esposo había sido llevado al campo del aeropuerto de Rakowice. Kurzbach fue al campo y llevó a mi esposo de vuelta al gueto, donde nos quedamos hasta el 1 de agosto de 1943, cuando comenzó la liquidación del gueto».

El testimonio de Romek Marber

El sobreviviente Romek Marber, un exitoso diseñador gráfico británico que ilustró y diseñó portadas para periódicos y libros, asistió a una ceremonia en Berlín en la que se entregó a la familia de Gerhard Kurzbach el título de Justo entre las Naciones. «Hoy estoy aquí, frente a ustedes, gracias al hombre de la foto», dijo Marber en su discurso. «Kurzbach logró salvarme a mí y a otros judíos, pero el hecho de que intentara salvarnos es incluso más importante que haberlo conseguido. Lo hizo contra la corriente y con gran valentía personal... De esto aprendemos que quienes odian y difunden una ideología de odio acaban perdiendo. El odio no tiene futuro».

Romek Marber nació en 1925 en la ciudad de Turek, en Polonia. Tenía una hermana gemela, Roma, y un hermano, Kuba. Al estallar la guerra, la familia fue deportada al gueto de Bochnia. El día decisivo de su vida fue el 23 de agosto de 1942, cuando lo enviaron a trabajar al taller de vehículos situado fuera del gueto, que estaba bajo el mando de Kurzbach. «Nos dijeron que teníamos que quedarnos a trabajar allí por la noche, y cerraron la puerta de la fábrica», contó.

Cuando volvió al gueto, Romek descubrió que su familia había sido enviada al campo de exterminio de Bełżec. Logró escapar con documentos falsos, pero lo capturaron y lo deportaron al campo de Płaszów. De allí pasó por otros campos hasta que fue liberado en abril de 1945. Al terminar la guerra, se trasladó a Italia, donde supo que su padre y su hermano también habían sobrevivido y habían emigrado a Gran Bretaña. Romek abandonó su plan original de emigrar a Israel y se reunió con ellos. En Gran Bretaña se ganaba la vida trabajando en una fábrica de ropa. Una diseñadora que trabajaba allí lo animó a desarrollar sus habilidades en el campo gráfico, que ya había demostrado en la escuela en Polonia, antes de la guerra. Primero asistió a un curso nocturno en una escuela de arte y, más adelante, recibió una beca como refugiado polaco y pudo estudiar en el Royal College of Art.

Al terminar sus estudios, abrió su propio estudio. Diseñó guías urbanas de Londres y diversos productos. En 1960 fue nombrado diseñador de la revista The Economist. A lo largo de su carrera diseñó portadas para New Society y The Observer, trabajó en producciones de televisión y cine y creó anuncios. También se dedicó a la docencia y, entre otros cargos, fue jefe del departamento de diseño gráfico del Hornsey College of Art de Londres entre 1967 y 1989.

El reconocimiento de Kurzbach y la ceremonia

El caso de Gerhard Kurzbach cumplía los criterios para recibir el título de Justo entre las Naciones (una persona no judía que arriesgó su vida para salvar a judíos). Después de que se decidiera concederle el título, el personal de Yad Vashem y de la embajada de Israel en Berlín buscó a sus familiares para que pudieran recibirlo en su nombre.

Pronto se descubrió que la familia estaba dividida entre los estados de Baviera y Brandeburgo, y que las dos partes nunca se habían conocido. «Me cuesta describir la emoción que los embargó cuando los llamé. Ninguno conocía a Kurzbach, pero se echaron a llorar», contó Sandra Vita, empleada de la embajada de Israel en Alemania, responsable de organizar las ceremonias para los Justos entre las Naciones alemanes. Uno de ellos, sobrino de Kurzbach, se emocionó al recibir la comunicación oficial de Israel y entregó al museo Yad Vashem fotos de su tío, además de un documento excepcional: una carta que la esposa de Gerhard Kurzbach recibió en 1943 de los judíos que su marido había salvado, poco después de que él abandonara la fábrica y desapareciera. «Doscientas personas lloran su partida», le escribieron, «no nos despedimos solamente de nuestro supervisor, a quien queríamos y respetábamos, sino también de alguien que fue para nosotros como un padre y un buen amigo, a quien cada uno de nosotros está agradecido».

A la ceremonia celebrada en diciembre de 2011 asistieron cientos de estudiantes de secundaria alemanes. Escucharon atentamente y, cuando Marber terminó de hablar, lo ovacionaron de pie. La mayoría tenía entre 15 y 16 años, la misma edad que tenía Marber cuando trabajaba en la fábrica de Kurzbach.