Un inmigrante recién llegado, recluta y héroe, cuya historia entrelaza la antigua Grecia, Uchda, en Marruecos, y las batallas del Néguev.
Leónidas y el paso de las Termópilas
Leónidas, rey de Esparta, sabía que encontraría la muerte en una batalla de verano del año 480 a. C. La invasión de Grecia por el rey de Persia llevó al monarca, descendiente del héroe legendario Hércules, a consultar a las profetisas, quienes, entre otras cosas, le dijeron: «A los hombres de Laconia les corresponderá lamentar la muerte de su rey, descendiente del gran Hércules», una profecía que confirmó sus presentimientos.
En el caluroso mes de agosto, Leónidas partió con su ejército hacia el paso de las Termópilas, el único por el que se podía ir del norte al sur de Grecia. Al frente de una fuerza de 7.000 guerreros espartanos, la mayoría de ellos de la región de Laconia, debía detener el avance del ejército persa, que contaba con unos 250.000 combatientes, hasta que llegaran los refuerzos de la flota griega.
Durante siete días, Leónidas y sus soldados lograron detener al ejército persa, hasta que un traidor griego condujo a los persas por un sendero que rodeaba el paso de las Termópilas. Leónidas comprendió que el desenlace se acercaba y envió de vuelta a su ejército, pero él se quedó con 300 soldados para seguir luchando contra los persas.
Un mensajero persa llegó ante Leónidas y exigió que él y sus soldados depusieran las armas, pero Leónidas le respondió lacónicamente: «Ven y tómalas». Leónidas y sus soldados lucharon hasta la muerte en una batalla sangrienta. El combate se convirtió en un ejemplo de valentía: unos pocos frente a muchos. Después de las Termópilas, los persas siguieron hacia Atenas, pero no pudieron soportar el clima invernal y se vieron obligados a retirarse de Grecia. La batalla de las Termópilas cambió el rumbo de la historia europea. Si los persas hubieran vencido, la cultura occidental actual no habría podido disfrutar de los frutos de la Edad de Oro griega, y es posible que la Europa de hoy se pareciera más a Irán.
Al término de la batalla se erigió en el lugar un monumento en memoria de aquellos héroes griegos que detuvieron a los persas con sus propios cuerpos. En él se grabaron estas palabras: «Caminante, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos, fieles a sus leyes». La batalla quedó inmortalizada en numerosos relatos y varias películas; la más reciente es «300», del director Zack Snyder.
La inmigración desde Marruecos
Para muchos judíos de la diáspora, la Declaración de Independencia del 14 de mayo de 1948 fue una señal de que había llegado el momento de emigrar a la Tierra de Israel. Lo mismo ocurrió con los judíos de Marruecos.
La ciudad minera de Uchda era el punto de tránsito de Marruecos a Argelia y, desde allí, a la Tierra de Israel. Los habitantes musulmanes de la ciudad se identificaban con la lucha de los árabes contra el joven Estado de Israel y consideraban que los judíos que se marchaban de Marruecos traicionaban a su país y eran desleales. El periódico «Al Alam» comenzó a incitar contra los judíos, y el sultán de Marruecos, Mohammed V, pronunció un duro discurso contra Israel e incluso advirtió a los judíos marroquíes que debían «abstenerse de cualquier acción que pudiera considerarse una muestra de solidaridad con la agresión sionista, pues eso podría perjudicar sus derechos o su ciudadanía marroquí».
Unas horas después de la Declaración de Independencia, y en coordinación con Jordania y Siria, el ejército egipcio invadió la Tierra de Israel. El ejército avanzó dividido en dos contingentes: la fuerza oriental se dirigió por Beerseba hacia Jerusalén y llegó hasta la zona de Ramat Rajel y Beit Shemesh («el puesto conjunto»). La fuerza occidental avanzó por Gaza en dirección a Tel Aviv y se detuvo en Isdud (Ashdod, en el puente Ad Halom). Tras detenerse, el ejército egipcio se desplegó por dos ejes: uno hacia el norte, desde Majdal (hoy parte de Ashkelon) hasta Ashdod; y el otro hacia el este, desde Majdal hasta Faluya (el cruce de Plugot, cerca de Kiryat Gat). Esto dejó aislado el Néguev. La Operación Yoav, durante la Guerra de Independencia, tenía como objetivo restablecer las comunicaciones y conectar el Néguev con el centro del país. En respuesta, se decidió emprender una doble ofensiva: la brigada Givati conquistaría las posiciones fortificadas del cruce (hoy el cruce Givati, entre Ashkelon y Kiryat Gat) y la brigada del Néguev, las posiciones de Hulikat.
Yaakov Ohayon nació en 1928 en la ciudad minera de Uchda, Marruecos. Como todos los niños de la comunidad judía, estudió en la escuela judía Alliance, donde las clases se impartían en francés. La filosofía de la escuela era que «había que enseñarles un oficio a los judíos para que pudieran ser independientes». Yaakov estudió peluquería y, a los 15 años, empezó a trabajar en una barbería del «Mercado de los Judíos». A la vez que trabajaba como peluquero, se desempeñaba como intérprete de francés a árabe para el ejército estadounidense. La declaración de la creación del Estado y el paso por su ciudad de judíos que se dirigían a la Tierra de Israel despertaron en él un ardiente deseo de emigrar. Yaakov y su hermano Charles llegaron al país y se alistaron en las Fuerzas de Defensa de Israel. Ambos sirvieron en la misma compañía de la brigada Givati y juntos bajaron a liberar el Néguev durante las batallas de la Operación Yoav.
En aquella época, Marruecos era un protectorado francés. A los judíos les resultaba fácil adoptar la lengua y la cultura francesas, e incluso apoyar el dominio francés. La influencia se notaba claramente en las escuelas judías de la Alliance Israélite Universelle, conocidas como Alliance. En cambio, los musulmanes apoyaban la lucha contra los franceses, lo que constituía otro factor de tensión entre ellos y los judíos.
La operación Yoav y Hulikat
En las posiciones de Hulikat se libraron tres rondas de combates. Las dos primeras estuvieron a cargo de la brigada del Néguev y la tercera, de la brigada Givati. El primer intento de la brigada Palmach del Néguev de conquistar las posiciones fortificadas de Hulikat tuvo lugar en julio de 1948, pero fracasó. El segundo intento también se realizó en julio y también fracasó, debido a un error en la identificación del objetivo. Cuando amaneció y se dieron cuenta de que se habían equivocado, las fuerzas tuvieron que retirarse tras sufrir numerosas bajas. Después del segundo intento hubo una pausa de unos tres meses.
Al terminar la pausa, se conquistaron las posiciones fortificadas del cruce y de Kaukaba. Solo las de Hulikat seguían siendo el último obstáculo para restablecer la conexión con el Néguev y aislar al ejército egipcio. El batallón 52 de Givati recibió órdenes de Yigal Alón, comandante del frente: ¡había que conquistar las posiciones de Hulikat a cualquier precio!
Durante el tercer ataque a las posiciones de Hulikat, una fuerza de Givati que atacaba la posición 123.2 quedó detenida por el fuego egipcio. La situación era difícil y se envió urgentemente otra fuerza a la zona. Yaakov Ohayon y dos compañeros que habían llegado con él desde Uchda avanzaron y neutralizaron la posición de ametralladora que frenaba el ataque. En medio del combate, Yaakov Ohayon resultó herido en la rodilla y empezó a sangrar. Su hermano Charles lo vio desde lejos, pero no pudo ayudarlo. Yaakov empezó a perder sangre y Charles lo vio morir. Así describió aquella batalla Abba Kovner, oficial de educación de la brigada: «La batalla fue de una crueldad sin igual. Una batalla a bayoneta. Un combate cuerpo a cuerpo, garganta contra garganta; ¡muchos de nuestros combatientes tienen heridas de mordeduras! Las posiciones fortificadas pasaban de unas manos a otras. La batalla se prolongó durante siete horas seguidas. Nuestra infantería no se amedrentó ante ningún sacrificio. Conquistó una posición tras otra, rechazó los contraataques del enemigo y destruyó sus fortificaciones, hasta que todo ser vivo del bando enemigo se convirtió en un fugitivo, y el fugitivo, al correr, se convirtió en un muerto».
En la mañana del 7 de junio de 1948, en la ciudad de Uchda, los musulmanes empezaron a insultar y amenazar a los judíos. Hacia el mediodía, una turba armada con hachas y cuchillos comenzó a congregarse en el «Mercado de los Judíos» de Uchda y asesinó a cinco judíos. Al día siguiente, los disturbios se extendieron, y también circuló el rumor de que un judío había asesinado a un musulmán. Saquearon tiendas, irrumpieron en hogares judíos y, durante dos días, la turba fuera de control masacró a 42 judíos, entre ellos mujeres y niños. Estos disturbios conmocionaron a la comunidad judía de Marruecos y, al año siguiente, 18.000 de sus miembros emigraron a Israel.
Durante la noche del 19 de octubre de 1948, los batallones 52 y 54 de la brigada Givati atacaron las posiciones de Hulikat. Los combates fueron duros y encarnizados, y dejaron numerosos heridos y muertos. La última posición fortificada fue conquistada por una compañía bajo el mando de Shlomo (Chich) Lahat, quien más tarde sería alcalde de Tel Aviv. Al amanecer quedó claro que todas las posiciones habían sido conquistadas y que el Néguev estaba liberado. Veintiocho combatientes cayeron en la batalla.

Con la conquista de las posiciones de Hulikat se creó el «bolsón de Faluya», donde quedó atrapada la fuerza egipcia. Uno de sus comandantes era Gamal Abdel Nasser, quien más adelante se convertiría en presidente de Egipto.
Al terminar los combates, se decidió erigir un monumento en memoria de los caídos. Abba Kovner vio una semejanza entre la batalla de Hulikat y la de las Termópilas: unos pocos frente a muchos y la disposición a sacrificarse hasta alcanzar el objetivo. Cuando se erigió en Hulikat el monumento en memoria de los caídos del batallón 54 de la brigada Givati, Kovner propuso grabar estas palabras: «Caminante, al bajar al Néguev, recuérdanos». La frase se asemeja a la inscripción de las Termópilas: «Caminante, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos, fieles a sus leyes». Es un llamado al viajero para que recuerde a quienes sacrificaron la vida defendiendo lo que más querían y cambiaron el rumbo de la historia.
Yaakov murió a los 20 años. Durante la shivá por su hermano, Charles recibió la noticia de que sus otros tres hermanos, que debían emigrar al país, también habían muerto en los disturbios del «Mercado de los Judíos» de Uchda.





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