La increíble historia del oficial de las SS que estuvo en el corazón de la maquinaria de exterminio y fue uno de los únicos dos miembros del Partido Nazi en recibir el título de Justo entre las Naciones.

El camino a Auschwitz

Helmut Kleinicke nació en Alemania en 1907, en una familia de guardabosques amantes de la naturaleza y el medio ambiente que trabajaba muy duro para ganarse la vida. Su familia se preocupó por su educación y le inculcó los principios del trabajo, la integridad y la honestidad. Para alegría de sus padres, que esperaban que no tuviera que trabajar tan duro como ellos, Helmut eligió estudiar ingeniería civil. En 1933 se unió al Partido Nazi y, al estallar la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por las SS. Como era ingeniero, recibió de inmediato el rango de oficial y, con el tiempo, ascendió al de Oberstleutnant (teniente coronel). En 1940, cuando comenzó la construcción del campo de exterminio de Auschwitz, Kleinicke formó parte del equipo de ingenieros encargado de diseñar y construir los edificios. Por entonces vivía en la localidad de Chrzanów, situada a unos 20 km del campo de exterminio.

A diferencia de sus compañeros oficiales, Helmut Kleinicke tenía otros planes frente al exterminio de los judíos. Para construir los edificios, reclutó a muchos jóvenes judíos de su ciudad, Chrzanów, muchos más de los que necesitaba. Los llamaban "los trabajadores de Helmut Kleinicke". Los trataba bien y los protegía; gracias a él, estaban a salvo de la muerte. Más de una vez sacó a sus trabajadores de los transportes que iban a los campos de exterminio. Muy pronto, los trabajadores de Helmut Kleinicke comprendieron que, en realidad, les estaba salvando la vida. "Todos los que trabajábamos para Kleinicke éramos VIP. Teníamos un documento que acreditaba que trabajábamos allí y eso era nuestro seguro", contó Yosef Wissler, un sobreviviente del Holocausto que trabajó para él.

En algunas ocasiones, Kleinicke arriesgó la vida al esconder a algunos de sus trabajadores en el sótano de su casa; otras veces ayudó a trabajadores forzados a escapar, llevándolos en su automóvil hasta los montes Tatras, a unos 200 km de distancia.

El rescate de los judíos de Chrzanów

Helmut Kleinicke se dedicó más a salvar judíos que a emplearlos. En 1943 fue destituido de su cargo después de que la Gestapo advirtiera que sus trabajadores empezaban a desaparecer. Tras su destitución, Kleinicke recibió entrenamiento como artillero y fue enviado al frente con la intención de que no "regresara", pero sobrevivió a la guerra, salvo por una leve lesión auditiva. Al terminar la guerra, los británicos lo capturaron y lo liberaron en 1945. Regresó a Alemania y retomó su vida junto a su esposa. En 1949 su nombre quedó libre de toda sospecha de crímenes de guerra.

Algunos sobrevivientes de Chrzanów llegaron a Israel e intentaron rehacer sus vidas y formar una familia, con la esperanza de tener un futuro más tranquilo. Poco después de la guerra, los Kleinicke tuvieron una hija llamada Jutta. La guerra dejó profundas cicatrices en Helmut y, como contó su hija, nunca sonreía. Vivía con la sensación de que podría haber salvado a más judíos, pues conocía la maquinaria alemana de exterminio. Helmut guardó silencio y nunca contó su historia. Sabía que nadie le creería que un oficial de las SS hubiera ayudado a judíos y les hubiera salvado la vida.

Los judíos que sobrevivieron gracias a él también guardaron silencio, pero no olvidaron al oficial de las SS que les había salvado la vida, y algunos incluso le escribieron. "Estimado señor Kleinicke: trabajé para usted en Bobrek en 1942. Gracias a usted me ahorré mucho sufrimiento". Así comenzaba la carta de Yosef Wissler. Helmut Kleinicke la leyó y la guardó en un cajón, sin responderle a Wissler.

En enero de 1979 vio la serie "Holocausto: la historia de la familia Weiss", que lo devolvió a aquellos días que nunca había olvidado. Tres días después sufrió un derrame cerebral y, unos meses más tarde, murió a los 72 años.

Después de su muerte, su hija Jutta Špaček contó que su padre sabía que habían enviado a los judíos a morir. "Yo también sentía esa culpa", dijo. Pero, además de ese sentimiento de culpa, su padre le había dejado un montón de cartas, entre ellas la de Yosef Wissler. Ella se puso en contacto con él y expresó su deseo de conocerlo. "Siento que nací para cerrar este círculo en la historia de mi padre y decir que no fue culpable", dijo.

Del silencio al reconocimiento tardío

En 2017, decenas de sobrevivientes de Chrzanów que viven en Israel, de la primera y la segunda generación, se reunieron en el acto conmemorativo general por las víctimas de la ciudad, celebrado en el Museo Casa de los Combatientes del Gueto, donde también se recordó a Helmut Kleinicke.

Jutta llegó a Israel con su hijo Sebastian y se reunió en Beit Zionei America con un pequeño grupo de los sobrevivientes que su padre había salvado. Cuando vio a Yosef Wissler, cuyas cartas había leído, los dos rompieron a llorar. En ese encuentro, otro sobreviviente llamado Haim dijo que le agradecía a Dios seguir vivo y haber tenido la oportunidad de conocer a la hija de Helmut y contarle que su padre había sido un héroe y un ángel guardián. Otro sobreviviente le contó cómo su padre lo había llevado en su automóvil hasta la estación de tren, salvándole así la vida. "Tienes que estar orgullosa. Tu padre fue un ser humano en la gran oscuridad que cayó sobre el mundo en aquel entonces", le dijo uno de los sobrevivientes. A Helmut Kleinicke lo llamaban "el Schindler de Chrzanów". En 1948, Sigmund Englender declaró que en febrero de 1943 se había escondido en el vivero local junto con otros 20 judíos para evitar una deportación inminente, y que Helmut Kleinicke estaba al tanto. Yosef Wissler, Lola Berman, Gershon Meller y otros oriundos de Chrzanów declararon que le debían la vida a Kleinicke.

Poco después del encuentro, Jutta recibió una carta de Yad Vashem que decía: "Nos complace comunicarle que se ha decidido otorgar a Helmut Kleinicke el título de Justo entre las Naciones por la ayuda que brindó a los judíos durante el Holocausto, poniendo en riesgo su vida. La medalla y el diploma de honor se enviarán a la Embajada de Israel en Berlín y se entregarán a su familia en una ceremonia especial". Más tarde, el nombre de Kleinicke fue grabado en el muro del Jardín de los Justos entre las Naciones del Museo Yad Vashem.

A principios de 2020, en la Embajada de Israel en Berlín, se entregó a Helmut Kleinicke la medalla de Justo entre las Naciones. A la ceremonia asistió Yosef Königsberg, un sobreviviente del Holocausto de 95 años, la última persona en Alemania capaz de contar la historia del heroísmo de Helmut Kleinicke, quien lo sacó del transporte a Auschwitz cuando tenía 16 años. "Este es uno de los días más hermosos de mi vida... Le debo la vida... Mi madre fue a verlo y le suplicó que me salvara. Kleinicke me agarró y dijo que yo era su mejor trabajador", contó Königsberg, mirando directamente a Jutta Špaček, sentada a poca distancia de él. "Gracias, gracias". Poco después, la madre y la hermana de Königsberg fueron enviadas a Auschwitz. Ninguna de las dos sobrevivió. En aquel entonces, Yosef Königsberg le confió a Kleinicke su colección de estampillas, y este le prometió que, si ambos sobrevivían a la guerra, se la devolvería. Hace tres años, Königsberg recibió la colección de manos de Jutta Špaček.

Helmut Kleinicke es el alemán número 628 y uno de los únicos dos miembros del Partido Nazi que recibieron este reconocimiento.

En la ceremonia, Jutta contó que, desde que conoció la historia de su padre y después de su visita a Israel, su vida cambió de manera significativa: "Esto confirmó lo que mi padre me había contado en unas pocas palabras, y yo nunca supe si decía la verdad". Kleinicke no dejó constancia de cuántos judíos salvó, pero los sobrevivientes calculan que fueron al menos cientos.

"Siento que esto cierra un ciclo... Fue una búsqueda muy larga y emotiva para descubrir la verdad sobre mi padre, y espero que la gente de Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel se entere", dijo Jutta después de la ceremonia.

Una pequeña corrección:

El rango de Oberstleutnant pertenece a la Wehrmacht, no a las SS. Una pequeña corrección:

El rango equivalente en las SS es Obersturmbannführer.