La historia de un Justo entre las Naciones que nació en una familia de miembros del Partido Nazi y que también fue oficial de la Wehrmacht... hasta que presenció las atrocidades.
Vilna y el campo de Karl Plagge
El 27 de marzo de 1944, los hombres de las SS alemanas entraron en el campo HKP562, en Vilna, y llevaron a cabo lo que llamaron «Kinder-Aktion» (operación niños). Durante esta operación, los nazis reunieron a la gran mayoría de los aproximadamente 250 niños del campo y los llevaron a Ponar, donde fueron asesinados. El comandante del campo era Karl Plagge, miembro del Partido Nazi. En 2005, Yad Vashem le concedió el título de Justo entre las Naciones.

A mediados de 1940, poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con el pacto Ribbentrop-Mólotov, Lituania fue ocupada por la Unión Soviética. Se trataba de un acuerdo entre la Unión Soviética y la Alemania nazi, firmado en agosto de 1939. El acuerdo incluía un anexo secreto que dividía Europa entre ambas partes. Los signatarios fueron el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop, y el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Viacheslav Mólotov, cuyo nombre lleva el conocido cóctel molotov. Tras la ocupación de Vilna, se instauró un gobierno comunista bajo el amparo de la Unión Soviética. La élite de profesores, científicos y escritores, que podía representar una amenaza para el régimen, fue enviada a campos en la Unión Soviética; algunos fueron asesinados y otros pasaron por un «proceso de reeducación».
Aunque entre los dirigentes comunistas también había miembros judíos, a los judíos se les prohibió enseñar hebreo y tuvieron que pasar a estudiar en yidis. Los comunistas persiguieron a las yeshivás y muchos de sus alumnos fueron deportados a Siberia.
Menos de dos años después de la firma, en junio de 1941, los alemanes rompieron el acuerdo y atacaron la Unión Soviética en la Operación Barbarroja. Durante esa operación ocuparon Lituania y los lituanos los recibieron con entusiasmo, pues los veían como salvadores frente al terror ruso y, además, compartían su odio hacia los judíos. Con la llegada de los alemanes comenzó una ola de asesinatos de judíos a manos de la unidad de exterminio Einsatzkommando 3, perteneciente al Einsatzgruppe A, con amplio apoyo de organizaciones lituanas. Un mes después, Karl Plagge y su unidad fueron destinados a Vilna, la capital, donde fue testigo del asesinato masivo de judíos.
Plagge tenía el rango de mayor en la unidad HKP562. Se trataba de un taller de reparación de vehículos del ejército alemán, no lejos del gueto de Vilna, donde muchos judíos eran obligados a trabajar. Según las órdenes, Plagge debía seleccionar a trabajadores cualificados en el campo automotor, pero Karl sabía que quienes no llegaran a su taller serían enviados a las cámaras de gas, como la mayoría de los judíos de Vilna al comienzo de la ocupación.
Karl Plagge nació el 10 de julio de 1897 en Darmstadt. En 1924 terminó sus estudios en la Universidad Técnica de la ciudad y obtuvo el título de ingeniero. Plagge sirvió como soldado en la Primera Guerra Mundial y fue testigo de la derrota de Alemania y de la crisis económica que sufrió a raíz de los acuerdos de rendición. Al igual que muchos de sus amigos, también veía en Adolf Hitler al líder capaz de sacar a Alemania de su difícil situación y fue uno de sus partidarios entusiastas incluso antes de que el partido llegara al poder. Para Plagge, la victoria de Hitler fue la realización de un sueño. Dos años antes, en 1931, ya se había unido al partido y ayudaba a difundir sus objetivos, sobre todo los relacionados con la recuperación económica y el orgullo nacional. Sin embargo, se negó a enseñar la teoría racial, pues no encontraba ninguna prueba que respaldara su veracidad.
El conflicto interno de Plagge
Las escenas que vio en Vilna lo conmocionaron profundamente. Hacia el final de la guerra, a mediados de 1944, Karl le escribió a su esposa Anke: «Una y otra vez aflora en mí una profunda humanidad que contrasta tanto con la inhumanidad que me rodea. Ahí reside mi mayor conflicto. Como nacionalsocialista, debo decir «sí» a la matanza en masa, a considerar a estas personas seres humanos de categoría inferior y a muchas otras cosas. Como ser humano, entiendo que esto es una locura y que todo acabará convertido en un montón de ruinas, porque todo esto no puede sino conducir una y otra vez a los estallidos de violencia más brutales».
En 1947, Karl Plagge, antiguo comandante de un campo de trabajo nazi, fue juzgado por su participación en la ocupación alemana de Vilna, durante la cual fueron asesinados 100.000 judíos. En el juicio, Plagge decidió no defenderse, pero, para sorpresa de todos, algunos sobrevivientes del campo testificaron a su favor. Sus testimonios revelaron por primera vez detalles de un plan secreto cuyo objetivo era salvar a los últimos judíos de Vilna. Estos testimonios llevaron a su absolución, pero, a diferencia de otros, él nunca dejó de sentirse culpable.
Cuando los alemanes entraron en Vilna a fines de junio de 1941, los judíos de la ciudad fueron encerrados en el gueto. Con el propósito de aprovechar al máximo la mano de obra judía, los judíos fueron empleados en la unidad de reparación de vehículos de Karl Plagge. Este proporcionaba permisos de trabajo falsos para sacar a judíos de la cárcel y trasladarlos a trabajar en su unidad. Los trabajadores salían del gueto todos los días, caminaban hasta el taller cercano y por la noche regresaban a dormir al gueto.
Al principio, Plagge trabajó en la fábrica Hesse. El dueño de la fábrica estaba casado con una mujer judía. Los nazis le exigieron que se divorciara de su esposa, pero él se negó. La fábrica fue confiscada a su dueño y Plagge fue nombrado gerente. Durante la guerra, Plagge alcanzó el rango de mayor y fue enviado a Vilna. Cuando llegó, los asesinatos de judíos estaban en pleno auge y las escenas espantosas cambiaron su manera de pensar. Se avergonzaba de las acciones del ejército alemán y, sobre todo, de las de las SS. Comprendió que el taller que le habían encargado dirigir era el instrumento con el que podía salvar judíos, tal como también lo entendió Oskar Schindler.
En agosto de 1943, los nazis decidieron liquidar el gueto de Vilna. Los 10.000 trabajadores que quedaban en el gueto, de los 57.000 judíos que habían vivido allí apenas dos años antes, fueron deportados a Estonia. Karl se ocupó de sacar a sus trabajadores del gueto y trasladarlos al recinto de la fábrica, que para entonces se había convertido en una zona cerrada. Más tarde envió una carta a sus superiores en la que explicaba que, además de los hombres que necesitaba para trabajar en el taller, debía incorporar a otras 554 mujeres y unos 190 niños.
Y escribió: «Tras la disolución de los guetos judíos de Vilna, se decidió conservar a unos 500 trabajadores judíos especializados para tareas de reparación de vehículos. Se estableció como condición previa que trabajaran en un campo de concentración cerrado. Como la motivación y la eficiencia de los trabajadores judíos dependen sobre todo de que no solo los hombres, sino también sus esposas e hijos puedan quedarse en Vilna, las mujeres y los niños vinculados a ellos también fueron detenidos y trasladados al campo de trabajo de la calle Subocz. Actualmente hay 1.243 judíos en el campo de trabajo. De ellos, 499 son hombres, 554 mujeres y 190 niños. Para poner a trabajar en tareas productivas a las mujeres que quedaron desocupadas tras el apresurado traslado, también se las incorporó al trabajo, en consulta con el capitán Klippel, del Estado Mayor de Economía de Guerra de Vilna. Con este propósito, se asignaron tareas a 311 mujeres...». Estas acciones le permitieron duplicar la cantidad de judíos que salvó.
Los testimonios de los sobrevivientes sobre el rescate
El testimonio de Pearl Good arroja luz sobre su disposición a enfrentarse a oficiales de su ejército, aun poniendo en riesgo su vida: «Mi padre, el doctor Mackiel Good, trabajaba en el taller de la HKP incluso antes de que nos encerraran en el gueto, y su permiso lo salvó de los “secuestradores”. Después de que nos encerraran en el gueto, el 6 de septiembre de 1941, permitieron que mi padre saliera todos los días del gueto para ir a trabajar a la HKP. El permiso amarillo que lo identificaba como trabajador cualificado, aunque distaba mucho de serlo, nos salvó y nos mantuvo con vida hasta septiembre de 1943, cuando tuvieron lugar la Aktion de los “cuatro días” y la deportación a Estonia. El mayor Plagge llegó a la estación y ordenó a sus trabajadores y a sus familias que bajaran del tren y entraran en las minas de pizarra, pero el oficial de mayor rango que estaba allí ordenó que los devolvieran al tren. Plagge estaba decidido a proteger a los trabajadores judíos que quedaban y a sus familias. Para ello tuvo que establecer un campo de trabajo, porque el gueto estaba a punto de ser liquidado. Se rumoreaba que, para lograrlo, Plagge había viajado a Berlín con el fin de convencer a las autoridades de que sus trabajadores judíos cualificados eran indispensables para reparar los vehículos del ejército, una mentira que podría haber terminado con su ejecución».
El testimonio de los sobrevivientes Mark y Anna Balber permite conocer la tensión que existía entre Karl y las unidades de las SS: «Durante la ocupación nazi de Vilna, nosotros, junto con unos 1.200 judíos más, éramos prisioneros en un campo de trabajo forzado conocido como HKP. Estábamos bajo el control tanto de la Wehrmacht como de las SS. El mayor Plagge era el responsable por parte de la Wehrmacht. Todos sabíamos que el mayor Plagge haría todo lo posible por ayudarnos y aliviar nuestro sufrimiento. De las muchas situaciones que se presentaron, algunas se nos quedaron grabadas. Una mañana, mientras formábamos para el recuento diario, el comandante de las SS, Kittel, hizo formar a unas jóvenes hermosas y se las llevó. Uno de nuestros líderes judíos, Kulis, acudió al mayor Plagge. Las jóvenes fueron liberadas ese mismo día. En otra ocasión, después de que lleváramos unos seis meses en el campo, un oficial de las SS llamado Weiss se llevó a todos los niños pequeños. Los llevaron a Ponar, donde los mataron. Más tarde supimos que eso solo había ocurrido porque el mayor Plagge estaba de permiso en Alemania y no estaba allí para oponerse».
Cuando se supo que el Ejército Rojo se dirigía a Vilna y que el final estaba cerca, los judíos prepararon escondites dentro del campo, llamados «malines». A principios de julio de 1944, Karl reunió a sus trabajadores y les dirigió un discurso en el que insinuó lo que les esperaba. Había oficiales de las SS presentes. Les dijo que lo trasladaban al oeste y explicó que, pese a sus ruegos, no le habían permitido llevarse a sus trabajadores. También ellos serían trasladados al oeste dentro de dos días: «Saben que, sin duda, las SS son una organización que protege a los refugiados». Algunos entendieron la indirecta y bajaron a los malines. La mayoría de los prisioneros no se escondió y, el 3 de julio de 1944, las SS los llevaron a Ponar, donde fueron asesinados. Cuando el Ejército Rojo entró en el campo, solo quedaban con vida 250 judíos de los 1.250 que había. Algunos emigraron más tarde a la Tierra de Israel.
Después de la guerra, Plagge regresó a su hogar en Darmstadt y murió en 1957. En 2005, Yad Vashem le concedió el título de Justo entre las Naciones. En 2006, una base del ejército alemán recibió su nombre. En Lituania, se entrega en su honor un premio, con el apoyo del Ministerio de Educación y Ciencia del país, a estudiantes escolares que investigan la historia de los judíos lituanos. En 2018, Simcha Jacobovici escribió un documental sobre la vida de Plagge, titulado «El buen nazi».






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