Fue una de las mujeres más fuertes y valientes. Una verdadera pionera, conocida como la «madre de la citricultura».

La familia Felman en Sumail

El grupo que llegó en el invierno de 1884 desde Polonia para establecerse en Sumail, aquel pueblo miserable y pobre al sur del Yarkón, despertó gran interés. Se trataba de la familia ultraortodoxa Felman: el rabino Dov David Halevi Felman, su madre Rivka y los hijos de su primera esposa; su esposa, Sara Ita; sus hijos en común, y el rabino Meir Rosenblum, maestro de los muchachos.

Tres años antes se había fundado en Polonia una asociación para establecerse en la Tierra de Israel. Después de intercambiar correspondencia con Yehiel Michal Pines sobre el asentamiento en el país, Dov decidió viajar a la Tierra de Israel y buscar una propiedad donde vivir y trabajar. Al principio recorrió el país con el rabino Rubin y luego viajó solo por las colonias. Tras ver las difíciles condiciones en que vivían y su lucha por sobrevivir, el rabino Felman decidió instalarse en un asentamiento ya existente, aunque fuera árabe. Después de muchos recorridos, compró a Mohamed Dajabra (Abu Jabra), el jeque de la aldea de Sumail, 40 dunams de tierra, una antigua casa árabe y algunos animales. El nombre de la aldea daba cuenta de la calidad de la tierra: Sumail significa «tierra seca». En la aldea vivían campesinos llegados de Egipto, los clanes Sarafi y Dajabra, y una minoría de beduinos del Sinaí. Era pequeña, con unas 25 casas y alrededor de 100 habitantes, lejos de la miserable ciudad de Jaffa, apiñada entre murallas. Después de obtener la ciudadanía otomana para que la propiedad quedara registrada a su nombre, el rabino Felman empezó a arar y sembrar la tierra. Sus vecinos lo respetaban mucho y, cuando viajó a Polonia para organizar el traslado del resto de la familia a la Tierra de Israel, dejó la granja al cuidado de un vecino árabe, para que siguiera trabajándola hasta su regreso.

El rabino Dov David Felman

El rabino Dov David Halevi Felman nació en 1842 en Mezeritch, Polonia, en el seno de una familia acomodada y con vínculos genealógicos con el Maguid de Mezeritch. La familia se ganaba la vida exportando cerdas para la industria de los cepillos. Se crio en un hogar religioso y recibió una educación basada en la Torá. Al llegar a la edad adulta, fue elegido administrador de la comunidad y se ganó entre las autoridades y la comunidad judía la reputación de ser un hombre honesto y respetable. A los 28 años se casó con su segunda esposa, Sara Ita, que entonces tenía 14 años y cuidaba de sus dos hijos huérfanos, Aharón y Yaakov, como si fueran suyos.

Al llegar a la Tierra de Israel, Dov David Felman dejó de ser comerciante y erudito de la Torá para convertirse en agricultor. Junto con sus dos hijos mayores, Aharón y Yaakov, empezó a plantar un huerto de cítricos y a ampliar su casa. Recogía la leche y las verduras, y cabalgaba hasta Jaffa para vender los productos; al mismo tiempo, se ocupaba de rezar todos los días y estudiar la Torá y el Talmud. Su casa estaba abierta a los judíos que iban de visita, y les describía las maravillas de la Tierra de Israel. Hacía lo mismo en sus cartas a sus amigos del extranjero: «A mi querido amigo, el eminente rabino, nuestro maestro y rabino, el honorable señor Yudel, que su luz brille, Reinwein: ¡saludos! Ante todo, vengo a comunicarles que todos estamos, gracias a Dios, con buena salud... Créame, querido amigo, todavía no me gano la vida con el huerto. Solo tengo, gracias a Dios, la leche de tres animales, gallinas y también verduras de la huerta; por eso, gracias a Dios, mis gastos son pocos... Y cuando voy a Jaffa o vuelvo de Jaffa, canto por el camino, pues Dios bendito me concedió pisar la tierra santa, y alabo al Señor con todos los versículos que me vienen a la mente, con gran alegría. Que me conceda también un buen rabino y amigo con quien pueda estudiar la Torá por amor a ella». El sueño del rabino Dov David Felman era establecer allí un núcleo judío, pero no llegó a cumplir su visión. Mientras trabajaba en el huerto sin cubrirse la cabeza, sufrió una insolación. Lo llevaron de urgencia a un médico en Jaffa, que creyó que se trataba de malaria y le dio medicamentos que aceleraron su muerte. Sara Ita quedó, a los 27 años, a cargo de seis huérfanos.

Viajó a Jerusalén para visitar al rabino de Brisk y pedirle consejo sobre si debía abandonar el país. Él le respondió: «Nunca he aconsejado a ningún judío que deje la Tierra de Israel. Pero a ti, una mujer viuda con seis huérfanos, abandonada y sola en un desierto desolado, lejos de cualquier asentamiento hebreo, te aconsejo que te marches y regreses a la diáspora». En una carta a uno de los rabinos, que debido a las dificultades que se avecinaban le había permitido irse del país, escribió: «La herencia de mi esposo me es muy querida, así como el trabajo y el esfuerzo que dediqué a su lado. En este rincón veía el lugar donde transcurriría su vida. No me iré de aquí. Daré mi vida por esta tierra, por la que él se sacrificó».

Sara Ita y el huerto de cítricos

Junto con sus hijos mayores, Sara Ita siguió administrando la granja y el huerto de cítricos, al que llamó «Jardín de David» en memoria de su difunto esposo. Unas semanas después de la muerte del rabino Dov David, también murió la hija menor, Elke, antes de cumplir dos años; algunos años más tarde falleció también Jaya, la segunda hija.

Cuando atravesó dificultades económicas, Sara Ita ordenó vender todas las propiedades que quedaban en Polonia e invirtió el dinero en el huerto. Cuando también se acabó ese dinero, acudió a Shmuel Hirsch, director de la escuela Mikve Israel y allegado del barón Rothschild. Hirsch le recomendó al barón que le concediera un préstamo de trescientos francos, que ella devolvería en diez años. Tras cinco años difíciles, llegó la primera cosecha y, unos años después, el huerto empezó a dar frutos excelentes, que podían venderse a buen precio.

El huerto se hizo famoso por su producción y apareció en el periódico Havatzelet, el de mayor circulación de su época: «Mientras tanto, el huerto creció y también crecieron los hijos de su dueña, que la ayudaban en el trabajo. Año tras año, el huerto aumentó y mejoró, tanto en la cantidad de naranjos como en su calidad, y ya empezaba a dar frutos a su propietaria. Ahora esta mujer laboriosa vive del fruto de su trabajo. Uno de sus hijos se casó y vive en Jerusalén. También sus dos hijos menores se casaron y viven con sus esposas y su hermana del fruto de su huerto, que les aporta una suma determinada cada año y que, por la abundancia de sus árboles y la calidad de sus frutos, puede competir con los mejores huertos de los alrededores de Jaffa. Se augura un futuro muy prometedor para este huerto, que crecerá y prosperará, y cuyo fruto alcanzará cada año un precio mayor... ¿No puede esta mujer laboriosa servir de ejemplo también a muchos de nuestros hermanos agricultores, por su dedicación, valentía y gran paciencia?»

El rabino que la apoyó en su decisión de quedarse en el país fue Aryeh Leib Frumkin, uno de los fundadores de Petah Tikva. Cuando se reanudó el asentamiento en la colonia en 1883, el rabino Frumkin le compró los portainjertos que serían la base del huerto de cítricos de Petah Tikva. También se llevó a su hijo Najman para enseñarle Torá y aprender de él los secretos del cultivo de cítricos.

Sus vecinos árabes admiraban mucho el valor, la perseverancia y la sabiduría de Sara Ita, y la llamaban «Sitt Sara» (señora Sara). El jeque Abu Jabra les advirtió a todos que quien la lastimara sería como si lo hubiera lastimado a él. Y, en efecto, cuando le robaron los animales, los hombres del jeque atraparon a los ladrones y se los devolvieron. Un día, un niño árabe se ahogó en el estanque del huerto (que más tarde se convertiría en el «Jardín de Hadasa»). Algunos árabes acusaron a Sara Ita de haberlo ahogado y corrieron hacia el huerto con hachas. La madre del niño se plantó frente a ellos, la protegió con su propio cuerpo y les gritó: «Sitt Sara quería a mi hijo como a sus propios hijos. ¡Ay de quien le toque un solo cabello!»

Cuando el ejército británico avanzó por el Sinaí, los otomanos temieron que los judíos los traicionaran y ayudaran a los británicos. En la Pascua de 1917, expulsaron a todos los judíos que vivían en Jaffa y sus alrededores. Sara Ita Felman dejó sus bienes al cuidado del jeque Abu Jabra y se trasladó con su familia a Tiberíades. Después de la guerra, los miembros de la familia regresaron y reanudaron la actividad del huerto con trabajadores asalariados, además de ampliar sus negocios a otros sectores.

Sara Ita Felman fue la única que devolvió el préstamo que había recibido del barón de Rothschild. En 1899, durante la tercera visita del barón a la Tierra de Israel, Sara Ita quiso entregarle una carta de agradecimiento y fue con su hijo a Petah Tikva. El barón creyó que se trataba de una petición de dinero y reaccionó con enojo: «¿Por qué me presentan cartas de petición? Ya he decidido dejar de dar subsidios». El barón se quedó atónito al oír de boca de Aharón, el hijo de Sara Ita, que se trataba de una carta de agradecimiento. «¿Hay alguien más en la Tierra de Israel que me esté agradecido por mi trabajo entre ustedes?». Y le dijo a su esposa: «Escucha, Adelaida. Todavía hay personas que admiran mi trabajo. Me expresan su agradecimiento y me devuelven el préstamo que recibieron».

Ese mismo año se fundó el barrio de Ahva, cerca de Neve Tzedek. El barrio, fundado por ultraortodoxos y situado en una zona judía, atrajo a Jaim, el hijo de Sara Ita, quien se sumó al proyecto y construyó allí su casa (en la esquina de la calle Ahva 25 y la calle Bustanai 6). Sara Ita vio que los habitantes del barrio eran buenas personas y, después de terminar de devolverle el dinero al barón, se unió a los primeros residentes. Todas las mañanas iba en burro al huerto y seguía trabajando allí.

Los hijos continúan el camino

También transmitió a sus hijos su fervor pionero y su afán de excelencia. Aharón se casó con Rivka, hija del rabino Avraham de Klev, uno de los fundadores del barrio Beit Yaakov de Jerusalén. Con el dinero de la dote, compró un terreno en Petah Tikva y se estableció allí con su esposa. Se hizo conocido como experto en cítricos y, en 1891, publicó su primer libro en hebreo sobre cómo plantar un huerto: «Maayan Ganim: leyes sobre la plantación de jardines y huertos de cítricos en la Tierra Santa». Jaim se casó con Jaya Feiga, hija de Hirsh Leib Lederberg, un comerciante judío de Rusia que emigró a la Tierra de Israel y abrió en Jerusalén la primera tienda moderna de cristalería, porcelana y artículos de escritorio. Aunque los negocios de Jaya y Jaim prosperaron, la pareja prefirió regresar a la aldea de Sumail para ayudar a Sara Ita con el huerto. Más adelante, estuvieron entre los fundadores de la escuela Tahkemoni, en el barrio de Ahva. Jaim y su hermano Najman abrieron en Jaffa una representación de la bodega de Rishon LeZion y exportaron vinos al extranjero. Su casa comercial de Jaffa servía como centro de información para los inmigrantes que llegaban al país y querían conocer lugares donde establecerse. Najman se casó con Mijal, hija del rabino Yehoshua Shlank de Jerusalén, y junto con otros pioneros siguió desarrollando la citricultura. Najman fue uno de los fundadores de Ahuzat Bayit, núcleo a partir del cual se creó la ciudad de Tel Aviv, y del barrio Beit VaGan, al sur de Jaffa (Bat Yam). Sus nietos heredaron ese mismo fervor y también participaron en el desarrollo del país, por ejemplo, con la fundación de Givat Elishiv y la creación de la escuela Reali de Haifa.

Tel Aviv se expandía rápidamente y, en 1934, aumentó la demanda de terrenos para construir. Los hijos y nietos de Sara Ita decidieron vender el terreno donde estaba plantado el huerto a unos constructores. El huerto ocupaba una extensión enorme: desde la intersección de Ibn Gabirol y Arlozorov hasta Shlomo Hamelej, y desde allí hasta la plaza Rabin y el edificio municipal. Al finalizar la venta, celebraron con una gran fiesta el quincuagésimo aniversario del primer huerto de cítricos. Asistieron miembros del consejo municipal, encabezados por Meir Dizengoff, quien otorgó a Sara Ita Felman el título de «pionera de la citricultura hebrea».

Cabe señalar que antes de Sara Ita estuvieron el rabino Yehuda Halevi Marguza, quien en 1851 plantó el primer huerto judío de cítricos en la Tierra de Israel, y, doce años después, el segundo cultivador judío de cítricos, Aharón Moyal, quien compró un huerto en 1863. Sin embargo, ni el rabino Yehuda Halevi Marguza ni Aharón Moyal merecen el título de «primer cultivador judío de cítricos», ya que nunca trabajaron el huerto, sino que solo invirtieron en él.

Al terminar el acto, Sara Ita regresó a su casa en la calle Ahva. Le costó mucho separarse del huerto, que había sido la obra de su vida. Se encerró en su casa y no volvió a salir durante seis meses, hasta que murió a los 80 años. Sara Ita fue enterrada en la tumba familiar del cementerio de la calle Trumpeldor.

Fotos de esta historia: שרה איטה פלמן
בית הקברות טרומפלדור בתל אביב, מקום קבורתה של שרה איטה פלמןצילום: Talmoryair, CC BY-SA 4.0, ויקישיתוף

En el país hay dos calles que recuerdan únicamente la labor de Sara Ita Felman: la calle HaPardes, una calle pequeña cerca del municipio de Tel Aviv, y la calle Halutzat HaPardesanut, en Petah Tikva. Sin embargo, no hay ninguna calle que lleve su nombre ni el de su esposo, Dov David. Cuando se fundó el Estado, los habitantes árabes de la aldea de Sumail huyeron a Jaffa y la abandonaron; en su lugar se construyó un barrio judío de lujo.