Maestra nacida y criada en el primer moshav obrero. Una de las autoras más prolíficas de Israel para el público infantil y creadora de Kofiko y Chipopo.
En una época en que no existía un programa educativo central, Tamar Bornstein-Lazar asumió la tarea de velar por la educación de los niños de Israel según su propia visión: una educación que combinara el humor con la realidad de su época y de su entorno. También consideraba importante transmitir la tradición judía en las escuelas laicas. Reunía en cuadernillos cuentos, canciones, datos, actividades manuales, chistes, recetas y mucho más; cada cuadernillo se centraba en un tema. Los cuadernillos se convirtieron en libros que se vendían puerta a puerta en colecciones, algunos de los cuales incluso incluían cuadernos de ejercicios. Tamar no solo escribía los libros, sino que también los ilustraba y cuidaba cada detalle.
Su casa en Ein Ganim, también conocida como «la casa de Kofiko», es la última que queda de la época del moshav. Es una casa de dos plantas, con una gran piscina y un pequeño huerto adornado con esculturas de tamaño natural, obra de la propia autora. En el jardín hay un rincón dedicado a los integrantes de la Segunda Aliá, a quienes admiraba.
Tamar Bornstein-Lazar nació en 1927 y creció en Ein Ganim, un moshav cooperativo fundado en 1908 por trabajadores de la Segunda Aliá, que sobrevivió por sí solo durante 30 años antes de integrarse a Petah Tikva. Sus fundadores, jóvenes socialistas laicos, trabajaban para los agricultores religiosos de Petah Tikva. Aquellos trabajadores pobres, que procuraban hablar en hebreo, estaban llenos de fervor, y en Ein Ganim vieron por primera vez su sueño hecho realidad. En el moshav se fundaron una caja de seguro médico y la Histadrut, la federación sindical, y el lugar sirvió de modelo para otros asentamientos que se establecieron más tarde, como Nahalal. Entre sus residentes estuvieron David Ben-Gurion, Shmuel Dayan, Haim Brenner, que escribió allí su libro «De aquí y de allá», e Yigal Mossinsohn, autor de «Hasamba».
En su libro «Ayer, anteayer», S. Y. Agnon escribió sobre el moshav y describió la pobreza y las dificultades para ganarse la vida, así como la determinación de los trabajadores: por un lado, la escasez; por otro, la riqueza literaria y cultural.
Raíces en Ein Ganim
Una de las primeras obras de teatro que escribió Tamar Bornstein-Lazar trataba sobre el moshav tal como lo recordaba de su infancia, y se titulaba «¿Quién salvó la colonia?». El libro describe la relación entre uno de los defensores del moshav y un niño huérfano de una tribu beduina, sospechoso de querer atacar el asentamiento. El niño ayudó a sus habitantes al cruzar las líneas enemigas y pedir a los soldados británicos que acudieran en su auxilio.
El primer cuento de Tamar se publicó en 1951 en el periódico «Davar Leyeladim» y narraba la historia de una niña pequeña, enfermiza y pobre que necesitaba leche para recuperarse. El primer cuento de Kofiko se publicó en 1954, también en ese periódico, y narraba la historia de una niña llamada Efrat y del mono que su tío marinero le había traído de África. Era un mono divertido que se disfrazó de mujer en Purim y obtuvo el primer lugar.
La primera infracción de los derechos de los cuentos de Kofiko ocurrió cuando la editorial Zelikovich publicó uno de ellos en una colección de cuentos infantiles sin autorización. Con gran astucia, Tamar propuso que, en vez de llevar a la editorial a los tribunales, fueran ellos quienes publicaran el libro. Así, en 1957 salió el primer libro de la serie: «Kofiko recibe invitados».
Entre el primer cuento de Kofiko publicado en el periódico «Davar Leyeladim» y el libro hubo algunos cambios. En lugar de Efrat, la niña pasó a llamarse Noga, hija de Tamar, quien, como Efrat, recibe un mono de regalo de su tío marinero. Kofiko también tenía un rival más inteligente: Chipopo, su primo. El travieso Kofiko se desenvolvía en el barrio, en Ein Ganim, en Petah Tikva, mientras que Chipopo era un mono detective que cada vez actuaba en un país distinto y desde allí nos traía información sobre ese país. Tamar, que, como ya se ha dicho, era una educadora con métodos de enseñanza singulares, sostenía que los niños aprenderían geografía leyendo los libros de Chipopo.
Así lo contó Amit Gabbish, nieta de Tamar: «Todos los cuentos de Kofiko están basados en hechos reales que ocurrieron en la familia. Todos los personajes son reales: Noga es mi madre, Yoram y Orna son mis tíos, Tamar y Shlomke son mis abuelos, y cada personaje que aparece en los libros es una persona real. Desde que nací, formé parte de los libros. De hecho, Kofiko refleja el ambiente que se vivía en nuestra casa. Todo se hacía con mucho humor, todo era muy divertido. Era una abuela fuera de lo común, muy niña de espíritu; nunca teníamos con ella conversaciones de adultos».
Durante años, su casa estuvo abierta a los jóvenes que iban a escuchar cuentos, y ella los recibía con todo el corazón y el alma.
Uriel Ofek, editor de «Davar Leyeladim», disfrutó del primer cuento de Kofiko y animó a Tamar a enviarle más. Tamar se puso a escribir y no paró. Creó una marca que ha perdurado más allá de su vida y sigue vigente hasta hoy.
Los inicios de Kofiko
Hace unos 25 años, Noga Barak, hija de Tamar, empezó a gestionar los derechos de autor de su madre. Fue ella quien, en la práctica, sacó a Kofiko de las páginas de los libros y lo convirtió en una marca que incluye producciones de televisión, obras de teatro, canales de YouTube y productos de marca. «Estamos llevando la marca a distintos ámbitos de contenido y tenemos que reinventarnos todo el tiempo», cuenta Noga. «Kofiko ha evolucionado con el tiempo, tanto en el contenido como en lo visual. Kofiko tiene que estar siempre al día; de lo contrario, dejará de existir. Competimos con las marcas internacionales... Mamá empezó a escribir sobre Kofiko antes de que yo naciera», cuenta Barak. «Eligió un mono porque tiene licencia para hacer cosas que un niño no puede hacer. Se convirtió en parte de nuestras vidas. Es un personaje virtual que vive con nosotros y es muy real. Los adultos muchas veces me dicen: “Cuando era niño, Kofiko era como un amigo para mí”. Así que, si para ellos era un amigo, para mí era un hermano».
Hasta hoy se han escrito unos 150 libros sobre Kofiko. Tamar Bornstein-Lazar publicó unos 450 libros, incluida la serie «Chipopo». Noga explica así su popularidad, que atraviesa generaciones: «Kofiko crece en una familia normal, promedio, de lo que se llama clase media. Mamá consiguió que cualquiera pudiera sentir que la historia se había escrito sobre él. Kofiko es el vecino de enfrente».
«La abuela se levantaba por la mañana, se sentaba en el balcón con vista al patio y todos sus nietos a su alrededor, porque vivíamos encima de ella y compartíamos el patio. Después, escribía hasta que volvíamos de la escuela. Nunca supo cocinar, así que nos calentaba milanesas de maíz, y nos sentábamos a leer, sobre todo sus libros, porque escribía a un ritmo vertiginoso. También comprobaba así si los chistes eran graciosos y escuchaba nuestros comentarios. Para ella era muy importante oírnos a nosotros, sus nietos, y sobre todo valoraba nuestra opinión», cuenta su nieta Amit Gabbish. Amit también habla del sentido del humor de su abuela: «Incluso cuando ya tenía ochenta años, conservaba el sentido del humor. Un día la llamaron para ofrecerle abrir una cuenta en un banco y ya estaba cansada de decir que no le interesaba, así que decidió seguirle la corriente a la operadora y le contó que tenía todo el dinero escondido bajo las baldosas, que tenía un hoyo lleno de dinero, e intentó convencerla de que llamara a sus clientes y los pasara también al sistema de las baldosas». Por supuesto, este pequeño episodio también acabó en uno de los cuentos de Kofiko.
Kofiko como marca
En más de una ocasión, empresas comerciales intentaron usar la marca sin autorización. Eso ocurrió con la cadena de alimentos «Mahsanei Kimat Hinam», que comercializó cereales para el desayuno con el nombre «Kofipo» y la imagen de un mono. Tras una batalla de tres años, el tribunal falló a favor de Tamar Bornstein-Lazar.
Es posible que próximamente veamos también una película de Kofiko y una variedad de productos nuevos, pero de algo podemos estar seguros: nunca veremos salchichas Kofiko. «Mi madre y yo somos vegetarianas, y no voy a apoyar productos de carne ni embutidos. Ya se pusieron en contacto con nosotras por ese tema. No va a ocurrir», dice Noga.
El 16 de junio de 2020, Tamar Bornstein-Lazar murió a los 93 años y fue enterrada en el cementerio de Segula, en Petah Tikva.





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