«Padre de la generación de las kipot tejidas». Líder fundamental y esencial de la revolución religiosa contemporánea.
El escándalo del Maccabi
En 1926 se celebró en Jerusalén un partido de fútbol en el que participó el equipo Maccabi Hashmonaí, que entonces era uno de los más fuertes. Como era sábado, jóvenes religiosos intentaron interrumpir el partido. Según las palabras de Yosef Yekutieli (impulsor de los Juegos Macabeos y del Maratón de Benjamín), el rabino Abraham Isaac Hacohen Kook (el Raia) «reconoció que aquella actuación había sido un error y la atribuyó al celo religioso y a la ignorancia de las masas. No es dado a los escándalos y se opone a los disturbios; todo debe hacerse con moderación y cordialidad».
En un intento por llegar a un acuerdo, después del partido se celebró una reunión entre el rabino y los organizadores de los partidos. Se propuso ofrecer entradas a los judíos y prohibir fumar en sábado en todo el recinto del estadio. El Raia comenzó diciendo: «El deporte es algo sagrado. El movimiento macabeo es uno de los fundamentos más importantes de nuestro movimiento de renacimiento. En el deporte hay mucha delicadeza y nobleza de espíritu». Añadió: «Pero, por otra parte, no debemos profanar el sábado. Nuestra aspiración debe ser dedicarnos al desarrollo físico durante todos los días de la semana, pero no en sábado. El sábado fue dado únicamente para asuntos espirituales». Con el tiempo, esta protesta se conocería como el «escándalo de los macabeos». El rabino Moshe Tzvi Mankin, discípulo del Raia, se entusiasmó con aquellos jóvenes sin maestro y sin miedo que defendían la santidad del sábado y, en ese mismo instante, decidió acogerlos y convertirse en su líder y guía para la vida.
De una infancia clandestina a la inmigración a Israel
El rabino Moshe Tzvi Neria nació en 1913 con el nombre de Moshe Tzvi Mankin, en Lodz, Polonia, hijo del rabino Petajia y de su esposa, la rabina Rajel. Como Stalin había prohibido estudiar Torá, el rabino Neria comprendió desde muy joven que esos estudios entrañaban peligro, por lo que estudiaba en secreto con su padre y no hablaba de ellos con sus amigos. A los 13 años, su padre le entregó en secreto unos tefilín y él se fue a estudiar a una yeshivá en Minsk, donde también se estudiaba clandestinamente. A los 15 años, Moshe Tzvi ya pronunciaba sermones en la sinagoga e incluso dirigía las oraciones durante las Altas Fiestas.
En 1925, Moshe Tzvi le escribió a su tío Abraham: «Querido tío Abraham, que estás allí, en la Tierra de Israel, la Tierra Santa. Sabes que la vida en Rusia es muy difícil. El régimen comunista no nos permite llevar una vida judía normal. Nos escondemos para rezar y cumplir los preceptos. Voy a Moscú a intentar conseguir un permiso para salir de Rusia. Ojalá tenga el mérito de subir a la Tierra de Israel y, con la ayuda de Dios, nos veamos allí».
El rabino Abraham Isaac Hacohen Kook ayudó a Moshe Tzvi a obtener un permiso para emigrar a la Tierra de Israel y, en julio de 1930, a los 17 años, Moshe Tzvi Mankin zarpó de Odesa rumbo a Yafo. Al bajar del barco, ya pudo contemplar la construcción de la primera ciudad hebrea. Se encontró con un periódico en hebreo, la lengua que se hablaba, y comprendió que podía entrar en una sinagoga y rezar sin temor alguno. Allí podría estudiar abiertamente, demostrar sus capacidades y, sobre todo, acercarse al rabino Kook. Al terminar el sábado, viajó a Jerusalén y comenzó a estudiar en la yeshivá Merkaz Harav del rabino Kook. Se fue a vivir con el rabino Tzvi Yehuda (hijo del rabino Kook) y, al terminar sus estudios y exámenes, recibió la ordenación rabínica del rabino Harlap, discípulo del rabino Kook.
Así escribió: «En la Tierra de Israel, en la yeshivá del rabino, aprendí a poner en el centro de mi vida el judaísmo público y nacional. Aprendí que toda persona tiene la obligación de pensar en el pueblo de Israel, preocuparse por él y considerarse responsable ante él». El «escándalo de los macabeos» lo impulsó a unirse al movimiento juvenil Bnei Akiva, con el que mantuvo el vínculo hasta el último día de su vida. Escribió el himno del movimiento, coordinó sus sedes y se aseguró de mantener un contacto directo con los jóvenes. En uno de los seminarios para instructores de 1939, al comprender que sus jóvenes (como llamaba a los integrantes de Bnei Akiva) no tenían una institución educativa basada en los valores del movimiento, se le ocurrió crear la «Yeshivá Bnei Akiva». Un año después fundó en Kfar Haroe la primera yeshivá. En la primera promoción estudiaron apenas 13 alumnos, pero con el tiempo la yeshivá creció y se convirtió en la institución madre de las yeshivot en las que se hizo realidad la visión del rabino Neria y de su maestro, el rabino Kook. Hoy, las yeshivot Bnei Akiva se extienden por todo el país.
En estas yeshivot se combinaron por primera vez el trabajo agrícola y los estudios religiosos. Con el tiempo, y con el apoyo del rabino Abraham Zuckerman, compañero de camino del rabino Neria, también se incorporaron al plan de estudios materias seculares. El rabino Neria reaccionó a esta iniciativa diciendo: «Me crecerán pelos en la palma de la mano antes de que se estudien materias seculares en la yeshivá», pero al final accedió. Paralelamente a las yeshivot, también se crearon ulpanot para chicas. La mayoría de las instituciones de Bnei Akiva eran yeshivot y ulpanot de nivel secundario, pero también había escuelas profesionales y yeshivot hesder. Más adelante fundó el «Centro de Yeshivot Bnei Akiva», una institución que reunía toda la obra de su vida y que él dirigió.
El rabino se casó con Rajel, de la familia Gitelson, quien había llegado a la Tierra de Israel a los 14 años y también dedicó su vida a la educación. Fundó una red de escuelas para niños de sectores desfavorecidos y se ocupó también de la integración de inmigrantes, la caridad discreta, las conferencias y la escritura de libros sobre la santidad del hogar, la familia y el matrimonio. También fue miembro de la junta directiva del movimiento Emuná y fundó el Consejo para la Cultura de la Familia Judía. Recibió el título de «Distinguida de la educación religiosa» y la Medalla Presidencial al Voluntariado. El matrimonio Neria construyó su hogar en Kfar Haroe y tuvo 8 hijos.
Bnei Akiva y su proyecto educativo
La aspiración del rabino Neria era «criar a un sabra sin espinas». El rabino animaba a sus alumnos a participar en la defensa del país y a prestar un servicio destacado en las Fuerzas de Defensa de Israel. Veía al Estado de Israel como el «comienzo del florecimiento de nuestra redención». Visitaba a sus alumnos durante el servicio militar y fortalecía su fe. Fue uno de los autores del borrador de la oración especial para el Día de la Independencia y, después de la Guerra de los Seis Días, apoyó la idea de la Tierra de Israel íntegra y al movimiento Gush Emunim. El rabino Neria fue uno de los fundadores de la Yeshivá del Muro e impulsó la renovación del asentamiento judío en el Barrio Judío y de la celebración del Día de Jerusalén. Editó la revista del movimiento, Zeraim, y escribió poemas sobre Jerusalén y sobre la Brigada 7, a la que acompañó. Publicó sus artículos y conferencias bajo el seudónimo «Neria», tomado del versículo «La lámpara del Señor es el alma del hombre» [Proverbios 20:27]. Más tarde hebraizó oficialmente su apellido, de Mankin a Neria.
En 1969 fue elegido miembro de la Séptima Knéset, pero pronto comprendió que «un rabino y un miembro de la Knéset no pueden ir juntos. A veces, los miembros de la Knéset tienen que hacer concesiones, pero los rabinos no pueden hacerlas», y prefirió el banco de la yeshivá a un escaño. En el trigésimo año del Estado, recibió el Premio Israel. El comité del premio justificó su elección así: «La contribución del rabino Neria a la sociedad consiste en encontrar puentes para el diálogo entre quienes observan los preceptos y quienes solo los observan parcialmente o no los observan en absoluto. Contribuyó a ello al esclarecer problemas relacionados con las relaciones entre estos dos sectores».
Las últimas palabras del rabino Neria expresaron quizá mejor que ninguna otra cosa su gran amor por la Tierra de Israel y su santidad: «¡Tengo frío! ¡Abríguenme con palabras de Torá! Aférrense a la Tierra de Israel y a su santidad. Déjenme despedirme de la Tierra de Israel y separarme de ella con amor, alegría y voluntad. Pido santidad. Pido la santidad más sagrada. Denme la santidad de la Tierra de Israel, denme la santidad del amor a Israel, denme la sensación de la santidad de la Tierra de Israel. ¡Denme la sensación de la santidad del pueblo de Israel!». Entonces gritó varias veces: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno», y terminó diciendo: «Santifiquémonos todos». El rabino Neria murió a finales de 1995 y fue enterrado en el cementerio de Kfar Haroe.
El asentamiento de Neria lleva el nombre del rabino, al igual que calles de distintas ciudades, yeshivot, ulpanot, escuelas y sinagogas.






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