Fue uno de los fundadores del barrio de Mea Shearim y de la colonia de Petaj Tikva, fundó el barrio de Nevé Shalom y, de no ser por la canción de Yoram Taharlev, habría desaparecido entre las páginas de la historia.

La disputa y la fundación de la colonia

El conflicto entre los esposos llegó ante el rabino de Jerusalén Shmuel Salant, conocido por su sabiduría. Por un lado estaba Rajel Lea, una mujer ultraortodoxa y de carácter firme, una madre que protegía a sus hijos, quien sostenía con vehemencia que, tras la tragedia de la muerte de su hijo mayor, no estaba dispuesta a seguir a su marido Zeraj a las tierras desoladas y los pantanos, ni a poner en peligro a sus cuatro hijos pequeños. Rajel Lea exigió que el rabino obligara a su marido a no forzarla a acompañarlo y que, si aun así insistía, el tribunal rabínico reconociera que ella tenía motivos para divorciarse. El argumento le pareció muy razonable al rabino Shmuel Salant, quien enseguida se puso de su parte. Sin escuchar al marido, el rabino dictaminó que Zeraj Barnet no podía obligar a su esposa a acompañarlo en sus peligrosos viajes y que, si insistía, ella tenía derecho a exigirle el divorcio.

Zeraj Barnet se dirigió al rabino y le dijo: «Si el rabino considera que mis actos son las tonterías de un loco, entonces el acta de divorcio que yo otorgue tampoco será válida según la ley» (el divorcio no sería válido porque Zeraj estaba «fuera de sí»). Añadió que estaba seguro de que, gracias al asentamiento de la tierra, Dios convertiría aquellas tierras desoladas en un jardín del Edén, y sostenía que su esposa no sufriría allí. El rabino Salant, conmovido por sus palabras, cambió de parecer y ordenó a Rajel Lea que siguiera a su marido. En el verano de 1878, la familia Barnet y otras doce familias fundaron la colonia de Petaj Tikva. Por primera vez en su vida, Barnet trabajó su propia tierra. Estableció una granja y construyó su casa, hecha de arcilla, arena, tierra y paja, con la ayuda de los miembros de las otras familias.

Fotos de esta historia: זרח ברנט
כיכר המייסדים בפתח תקווהצילום: Chenspec, CC BY-SA 4.0, ויקישיתוף

Este episodio quedó grabado en la memoria nacional gracias a la canción «La balada de Yoel Moshe Salomon», escrita por Yoram Taharlev. La canción comienza con la frase «En una mañana húmeda del año 1878» y describe a cinco jinetes que salen de Jaffa a caballo. Sus nombres se mencionan en la segunda estrofa: «Llegaron Stampfer y Gutman, y Zeraj Barnet y Yoel Moshe Salomon, con la espada al cinto».

El duro invierno y la despedida

Contrariamente a la visión de Zeraj, aquellas tierras desoladas no se convirtieron en un jardín del Edén. Llegó el invierno y con él, lluvias torrenciales que desbordaron el río Yarkón. Las casas quedaron destruidas y la malaria, que se propagó por la nueva colonia, se cobró muchas vidas, entre ellas las de cuatro niños. Algunos colonos se marcharon y se trasladaron a Jerusalén. La situación de la colonia empeoró cada vez más. Cuatro años después de haberse establecido en el lugar, llegó el año sabático, que hizo las cosas aún más difíciles para quienes quedaban, y la mayoría decidió irse. Los ahorros de Zeraj Barnet se agotaron y decidió regresar a Londres. Justo antes de partir, para «no desanimar a los fieles agricultores constructores que se aferraban a su propiedad», como escribió en sus memorias, reunió a sus amigos y les juró que, si Dios lo ayudaba a acumular una fortuna, volvería a su tierra «para trabajarla y cuidarla». Describió así la dolorosa despedida de la Tierra de Israel: «Sentí como si mi corazón se desprendiera de mí junto con sus tesoros: las colinas arenosas de Sharon». Se embarcó con su familia rumbo a Londres y, cuando la costa desapareció en el horizonte, se encerró en su camarote y no salió durante dos días.

No era la primera vez que un proyecto en el que Zeraj Barnet participaba fracasaba y él perdía su dinero. En 1874, años antes de establecerse en Petaj Tikva, Zeraj Barnet había participado en la fundación del barrio de Mea Shearim, en Jerusalén. Un año después, cuando se quedó sin dinero, regresó a Londres por dos años y volvió con el capital necesario para comprar los terrenos de Petaj Tikva. Pero tampoco era aquella la primera vez. Zeraj Barnet llegó a la Tierra de Israel en 1871 y, al cabo de un año, perdió su dinero y volvió a Londres. Desde aquella primera llegada hasta 1906, viajó a la Tierra de Israel quince veces; cada viaje implicaba regresar a Londres para reunir nuevo capital con el que financiar sus proyectos en el país. Seguro de su fe y lleno de sentido del deber y compromiso con el asentamiento de la tierra, estaba convencido de que cada vez que se quedara sin dinero podría reunir más capital y repetir exactamente la misma operación... Y así fue.

Durante su estancia en Londres, Barnet intentó conseguir que judíos adinerados se sumaran al proyecto de redimir la tierra. En 1882, el año en que nació su hijo Abraham, Zeraj se dirigió al barón Rothschild, que había llegado desde París. El barón, que ya había contribuido a las colonias, rechazó la petición de Zeraj Barnet.

Cuando regresó a Petaj Tikva, Zeraj Barnet encontró su casa destruida y la colonia desierta. Reconstruyó su hogar: una magnífica casa de piedra de dos pisos, sin igual en la colonia (en la esquina de las calles Stampfer y Bar Kojba). Zeraj también plantó olivos y una viña, y en 1884 volvió a partir hacia Londres para recaudar fondos.

Raíces en Lituania y matrimonio

Zeraj Barnet nació en 1843 en Zitovian (hoy en Lituania, entonces parte del Imperio ruso). Creció en una familia ultraortodoxa y de niño estudió en una escuela religiosa. A los diez años recibió educación de su tío, el rabino Eliahu, y al crecer ingresó en la ieshivá de Slobodka, donde conoció por primera vez el sionismo y se contagió del amor por la tierra y del deseo de poblarla. Lo inspiró su maestro Jaim Kreuzer, que también era místico y un ferviente amante de Sión. En 1865, un comerciante adinerado de Londres, el rabino Isaac Hacohen, también nacido en Lituania, visitó la ieshivá en busca de un buen partido para su hija Rajel Lea. El rabino de la ieshivá le recomendó a Zeraj Barnet, pero él no quería casarse ni partir hacia Londres, como pedía el padre de la novia. «Si he de dejar Lituania, que sea para ir a la Tierra de Israel», dijo Zeraj. Sin embargo, su maestro lo bendijo para que «estuviera entre los primeros constructores», tuviera éxito en sus negocios en Londres y dispusiera de dinero para poblar la tierra. Además, su ciudadanía británica le permitiría comprar tierras en el país. «Debo ir a Londres para hacer allí una fortuna que luego pueda invertir en la Tierra de Israel», escribió Zeraj. «Pues incluso entonces era común entre nosotros la opinión de que, para devolver la vida a los desolados parajes de nuestra tierra santa, además del trabajo manual, la diligencia y mucho empeño, también se necesitaban abundantes recursos materiales».

Zeraj Barnet se casó con Rajel Lea. Durante dos años vivió a expensas de su suegro y aprendió el oficio de peletero. Después estableció un negocio propio que tuvo éxito. En 1868 nació su primogénito, que murió dos semanas más tarde. «En aquel tiempo me sobrevino una gran desgracia: mi hijo primogénito, Moisés, que en paz descanse, falleció», escribió en sus memorias. En 1870 nació Jana, su segunda hija, y al año siguiente, tras obtener un pasaporte británico, la familia decidió trasladarse a la Tierra de Israel.

En el invierno de 1871, la familia Barnet llegó por primera vez a las costas de Jaffa y, dos semanas después, se trasladó a Jerusalén. Durante su primer año en el país, Zeraj perdió todo el dinero que había ahorrado durante siete años y acabó trabajando como empleado, cosiendo sombreros para un alemán en Jerusalén. En sus memorias escribió que un día su empleador alemán se enfadó con su trabajo y le arrojó a la cabeza una plancha caliente. En señal de protesta, se levantó y renunció.

Por entonces se hizo amigo de Yosef Rivlin (uno de cuyos descendientes es el expresidente Reuven Rivlin) y de Yoel Moshe Salomon, fundadores de la asociación «Mea Shearim», creada en 1872 con el objetivo de construir un barrio fuera de las murallas, una iniciativa audaz en aquellos días. El barrio se construyó dos años después. Zeraj no tenía el capital necesario para construir una casa allí y decidió volver solo a Londres para reunir dinero con el que construir su hogar en Mea Shearim. Rajel Lea, embarazada, se quedó en el país, y en 1873 nació su hija Rozi. Cuando Zeraj regresó para construir su casa en el barrio, ya se habían levantado diez viviendas. Prestó el dinero que le quedaba a otras personas para que pudieran terminar de construir las suyas. El barrio fue diseñado por el arquitecto alemán Conrad Schick. Las casas se construyeron formando una muralla continua. Las paredes exteriores rodeaban un patio interior y las puertas se cerraban por la noche. Cada casa tenía un jardín, y el barrio también contaba con cisternas. Años después, Conrad Schick construyó su casa junto al barrio. El edificio sigue en pie y está considerado una de las casas más hermosas de Jerusalén.

Zeraj esperó que le devolvieran los préstamos, pero no llegaron, y una vez más se quedó sin dinero. En 1875, toda la familia regresó a Londres, donde nació su hijo Eliahu. En 1877, la familia volvió al país con dinero, mercancías nuevas y veinte barriles de pescado salado, los primeros que llegaron al país.

Hacia las tierras de Umlabes

Al regresar, se unió a Yoel Moshe Salomon, Yehoshua Stampfer y David Gutman, y juntos salieron a buscar un terreno adecuado para fundar una colonia agrícola. Es conmovedor leer en el diario de Zeraj sus descripciones de la búsqueda de tierras y, sobre todo, la alegría con que lo recibieron al regresar a Jerusalén. «Uno de los días del mes de Tamuz salimos a los alrededores de Jaffa para visitar los terrenos que nos habían ofrecido los intermediarios sefardíes. A mi esposa y a mis familiares les dije que estaríamos fuera, como mucho, tres días, y con gran dificultad aceptaron que me fuera. Pero aquella expedición duró trece días. Visitamos y examinamos las tierras de Duran (Rehovot), Rishon LeZion y otros terrenos de los alrededores de Ramla. Al final elegimos las tierras del pueblo árabe de Melabes y, con la mediación del vicecónsul inglés en Jaffa, el señor Amselak (Jaim Amelzag), compramos allí al griego Kaser 3.500 dunams, a razón de cinco francos por dunam. Los fundadores no tenían dinero en ese momento y, para asegurar la compra, entregué allí mismo un cheque girado contra un banco de Londres por 300 libras, como anticipo. Cuando después regresamos a Jerusalén, llevamos una alegría renovada a nuestras familias y a sus habitantes. Nuestros amigos y familiares se alegraron muchísimo de vernos, como si hubiéramos resucitado, porque desde el quinto día de nuestra partida ya nos daban por muertos a manos de bandidos beduinos y habían pedido a la policía que siguiera nuestro rastro. Ahora que habíamos vuelto, les parecía que regresábamos a una vida nueva, y casi todos los demás habitantes de la ciudad se alegraron de lo que Dios había hecho por nosotros, de manera tan grande y maravillosa, al poner en nuestras manos una parcela de tierra donde pudiéramos construir una colonia agrícola judía en la Tierra de Israel». De este relato se desprende que, sin el anticipo que pagó Zeraj, Petaj Tikva no habría llegado a existir. En sus memorias describe con emoción el día en que, en julio de 1878, regresaron a la colina que habían elegido para fundar Petaj Tikva: «Apenas vimos a lo lejos la colina que habíamos elegido como lugar de residencia, me adelanté rápidamente a caballo y me arrojé sobre el terreno, besé la tierra y la regué con lágrimas de alegría y júbilo. Mis demás compañeros hicieron lo mismo... Sentí entonces como si hubiera vuelto a nacer y como si mis padres me hubieran dado a luz en aquel lugar». Así describe la casa de arcilla que construyó en esa colina: «Al cabo de unas semanas terminé de techar mi casa. Aquella casa de arcilla fue y seguirá siendo siempre tan querida y valiosa para mí como un palacio real, pues me recuerda aquellos días de creación y de vida nueva». Meses después, debido a las fuertes lluvias, el río Yarkón se desbordó y derribó las casas. La pérdida de las viviendas y la propagación de la malaria hicieron que los habitantes abandonaran la colonia, y Zeraj y su familia regresaron una vez más a Londres.

Este es el momento de contar de dónde provenía la fortuna de Zeraj Barnet. Varios años después de que Zeraj dejara Lituania rumbo a Londres, llegó su hermano Meir, quien dirigía la fábrica de pieles que Zeraj había fundado. Otro hermano, Yaakov, emigró a Francia, se convirtió en corredor de bolsa en París y ayudó a comercializar allí las pieles. La red de los hermanos Barnet se extendía por Londres y París y llegó incluso a Nueva York. En Leipzig se celebraba cada año una feria internacional de pieles, a la que Barnet solía asistir. Zeraj nombró socios a sus hermanos para que se ocuparan del negocio. Ellos consideraban que las iniciativas de Zeraj eran una importante obra sagrada que debían apoyar, y que así también tendrían el mérito de contribuir al asentamiento de la tierra. Cada vez que regresaba a Londres, Zeraj hacía crecer el negocio, que le servía de capital para sus proyectos. Cuando le preguntaban de dónde provenía su dinero, siempre respondía que era un préstamo que Dios le había concedido para cumplir sus mandamientos.

En 1885, cinco años después de que su casa fuera destruida por las lluvias, Zeraj regresó a Petaj Tikva y construyó una casa de piedra única en su tipo, de dos pisos y muy lujosa para la colonia. El periódico HaMaguid describió la inauguración de la casa: «El día siguiente al sábado fue Lag BaOmer. Ese día Zeraj Barnet celebró una gran fiesta para inaugurar su casa. Muchos fueron invitados al evento, entre ellos todos los habitantes de la colonia, los residentes de las colonias vecinas y personalidades de Jaffa... No exageraré si digo que, desde el exilio de Israel de su tierra, nunca se había reunido en este lugar una multitud tan numerosa, unas cuatrocientas personas, para celebrar». Al construir la casa, plantó un olivar y un viñedo. Al año siguiente, la casa sirvió de fortaleza durante un ataque árabe contra la colonia, hasta que llegó ayuda militar desde Jaffa. En ese episodio se reveló el valor de su hija Rivka, que salió a caballo para avisar a los hombres que trabajaban en los campos. Desde entonces, los árabes la llamaron «Beki Efendi».

Del origen del capital a Hibbat Zion

En 1884, un año antes de construir la casa de piedra, Zeraj Barnet fundó en Leipzig la compañía «Asentamiento de la Tierra de Israel». A finales de ese año participó en la famosa conferencia de Katowice, el primer congreso oficial de Jovevei Sion, cuyo objetivo era fomentar el asentamiento en el país. En aquella conferencia, uno de cuyos impulsores fue el doctor Yehuda Leib Pinsker, junto con el rabino Shmuel Mohilever, Pinsker definió por primera vez que la situación de los judíos cambiaría «solo mediante un cambio de lugar y de modo de vida»; es decir, que la compra de tierras en la Tierra de Israel y el trabajo agrícola podían resolver el problema judío. La conferencia estuvo impregnada de una sensación histórica de que comenzaba una nueva era en la vida del pueblo judío.

En aquella conferencia quedó de manifiesto la extraordinaria capacidad de Zeraj Barnet para promover sus ideas, como él mismo describió: «Así que recurrí a una táctica sensacional: me puse un fez turco que había guardado desde mi estancia en la Tierra de Israel y fui al Hotel de Rome, donde se alojaban los invitados más importantes. El fez atrajo de inmediato la atención de todos los presentes. Comprendieron que tenían delante a un judío de la Tierra de Israel y empezaron a interesarse por mí y a preguntarme quién era y a qué me dedicaba... Entonces les expuse a los invitados toda la situación del asentamiento agrícola en la Tierra de Israel, sus logros y sus carencias... Pedí ayuda para los agricultores de Petaj Tikva, que sufrían y se habían empobrecido mucho, en forma de préstamos para construir casas y establos y comprar animales, así como para ayudar a los miembros de Bilu en Gedera. Subrayé la necesidad de comprar más tierras para nuevos colonos... Entonces asignaron y enviaron 10.000 francos a Petaj Tikva y 30.000 a Gedera, y eligieron al señor Tyomkin para que viajara a la Tierra de Israel a comprar terrenos. Los asistentes hicieron generosas donaciones para este fin, y yo también contribuí con mil rublos».

Después de la conferencia, Zeraj regresó a Londres pasando por París y volvió a reunirse con el barón Rothschild. El barón ya no veía en Zeraj a un agricultor pobre que acudía a pedir limosna, sino a un hombre adinerado capaz de mirar al barón a los ojos y conversar con él sobre el futuro del pueblo judío. Esta vez el barón mostró interés y prometió elaborar un nuevo plan para las colonias, entre ellas Petaj Tikva.

Nevé Shalom en Jaffa

Los ingresos agrícolas de Petaj Tikva no alcanzaban para mantener a la familia, y además se acercaba el año sabático. En 1887, Zeraj Barnet vendió su casa y todo lo que contenía en una subasta pública y regresó con su familia a Londres por tres años, durante los cuales logró volver a reunir una fortuna. En Londres llegó a la conclusión de que su etapa agrícola había terminado. «Cada vez que pensaba en volver y renovar mi intento de establecerme en Petaj Tikva, sentía que me faltaban las fuerzas», escribió. «Tengo 47 años y no puedo seguir trabajando la tierra ni soportar esa dura carga. Durante catorce años afronté con entusiasmo este trabajo, con todos sus peligros y dificultades, pero ya no soy capaz». Sin embargo, añadió: «No he renunciado a participar de distintas maneras en la construcción del país». Zeraj Barnet inició una nueva etapa de su vida, dedicada a los negocios, y en 1890 regresó con su familia al país. Esta vez se estableció en Jaffa, donde observó que la población judía de la ciudad había crecido y que muchos vivían en casas pequeñas y ruinosas, propiedad de árabes. Compró a Aharon Shlush «15.000 codos cuadrados -unos 7.000 m²- de terreno arenoso en el límite de la ciudad», a un franco por dunam, y celebró la colocación de la primera piedra del barrio que llegaría a llamarse Nevé Shalom. Muchos se burlaron de él y afirmaron que «Son insensateces y un despilfarro: te crecerá hierba en las mejillas, pero en estas arenas no surgirá ningún asentamiento». Pero Zeraj no se dejó afectar y escribió: «Creí con todo mi corazón que, con el tiempo, también el asentamiento urbano se extendería por el país, y que el mérito de la gran obra de construir el asentamiento me protegería de perder mi dinero en vano». En sus memorias contó que, cuando compró los terrenos de Nevé Shalom, tuvo que cargar alrededor de la cintura una gran cantidad de monedas de oro desde Jerusalén. El peso le lastimó la cintura y tuvo que guardar cama varios días. Shmuel Yosef Agnón incorporó esta historia a su novela Ayer y anteayer.

En cuanto compró el terreno, Zeraj Barnet construyó una hilera de casas. Dejó a su familia en Jaffa y se trasladó solo a una de las casas situadas fuera de las murallas de la ciudad. La tercera noche, un ladrón armado con un cuchillo entró para robarle, pero Zeraj pudo dominarlo. «Sé que no quieres matarme por ser judío, sino porque no tienes dinero. Por favor, toma algo de dinero y vete a casa», le dijo, y sacó del bolsillo una suma considerable para dársela al ladrón. Al día siguiente, el ladrón llamó a la puerta de Zeraj y le suplicó: «No sabía que era usted ciudadano británico. No se lo diga a las autoridades; me ahorcarán».

A pesar del robo, Zeraj no se arredró y trasladó a su familia a Nevé Shalom. Ofreció las casas a buen precio, pero no apareció ningún comprador, porque no era seguro vivir fuera de las murallas. Como él creía, la providencia acudió en su ayuda. Por entonces, la esposa del rabino principal de Jaffa, Naftali Herz Halevi, enfermó, y los médicos le aconsejaron buscar aire puro para mejorar su salud. El rabino se trasladó con su familia durante el verano a una de las nuevas casas del barrio de Barnet, y el aire limpio y el espacio abierto mejoraron efectivamente la salud de la rabina. La pareja decidió establecerse allí y comprar la casa. Tras el rabino, llegaron al barrio otros judíos. A diferencia de Nevé Tzedek, un barrio para los ricos que querían escapar del hacinamiento de Jaffa, el proyecto de Zeraj era crear una verdadera ciudad, con tiendas, un mikvé y sinagogas. Y, en efecto, el barrio creció y prosperó. Zeraj construyó casas de dos pisos: la planta baja se destinaba al comercio y la superior, a vivienda. Sobre cada tienda estaban grabadas las letras ZB, por Zeraj Barnet (Zerach Barnett), y los viernes, una hora antes del comienzo del Shabat, recorría las tiendas y llamaba a sus puertas para que cerraran y no profanaran el Shabat. También construyó un hotel en el barrio para los inmigrantes que llegaban al país. Hoy suele considerarse que los barrios de Nevé Tzedek y Nevé Shalom impulsaron la creación de Ajuzat Bayit, que con el tiempo se convirtió en Tel Aviv, la primera ciudad hebrea.

El último viaje y el legado

En 1904, Zeraj Barnet visitó Londres por última vez y regresó al cabo de un año. Esta vez compró terrenos junto al barrio de Nevé Shalom, según contó: «En 1906 regresé de Londres a la Tierra de Israel y llegué por decimoquinta vez, la última. Compré 20.000 codos cuadrados de terreno junto a Nevé Shalom por 40.000 francos y construí allí más casas, que hoy están en el centro del asentamiento judío de Jaffa. Entonces construí la sinagoga Shoné Halajot en Nevé Shalom... Cuando se construyó la sinagoga, instalaron una galería de hormigón y tablones. Fui a inspeccionar la obra y subí a la galería, que estaba mal construida. De inmediato se desmoronó bajo mis pies un bloque de hormigón y caí al suelo. Yací sin sentido durante veinte minutos. Enseguida mandaron llamar a un médico... Cuando recobré el conocimiento, pregunté: “¿Qué pasa? ¿Qué pasa?”. Después intentaron ponerme de pie y descubrieron que tenía una pierna rota. Me llevaron a la cama, me ataron las piernas con una cuerda y las dejaron suspendidas en alto. Permanecí así unos dos meses. Entonces pensé que quizá aquella desgracia me había sobrevenido por haber descuidado el estudio de la Torá, que debía fomentar, y no haber apoyado como correspondía a quienes estudiaban. Me dije que fundaría una ieshivá». Y, en efecto, fundó la ieshivá Or HaZoreaj, desde la cual años más tarde partiría su cortejo fúnebre.

En vida, Zeraj era consciente de su influencia en la historia de la Tierra de Israel. A los 87 años escribió sus memorias, de las que hemos citado algunos pasajes. En febrero de 1948, los británicos hicieron estallar la calle Barnet y la magnífica ieshivá que se encontraba allí.

Zeraj Barnet murió en octubre de 1935, a los 92 años, y fue enterrado en el Monte de los Olivos, junto a su esposa Rajel Lea, fallecida en 1924. Terminó sus memorias con este párrafo: «Al concluir estas memorias, que entrego hoy, recuerdo con dolor a mi esposa Rajel Lea, de bendita memoria, que murió en Jaffa el 16 de Kislev de 5685 y fue llevada a enterrar al Monte de los Olivos. Y digo a todos los que me honraron y apreciaron mis obras: lo mío es de ella. Si mi esposa Rajel Lea no me hubiera apoyado, no habría podido llevar a cabo ninguno de mis proyectos. Que su memoria sea bendita. Y exhorto a mis hijos y a mis amigos: sigan nuestros pasos, multipliquen y engrandezcan sus obras para construir el país, y no retrocedan ante ningún obstáculo, pues realizamos una labor sagrada para levantar una muralla en Judea y Jerusalén, hasta que llegue nuestra verdadera resurrección y renacimiento por obra del Santo de Israel, en la tierra que Él desea».

Fotos de esta historia: זרח ברנט
בית הקברות היהודי בהר הזיתים, מקום קבורתו של זרח ברנטצילום: brionv, CC BY-SA 2.0, ויקישיתוף